viernes, enero 17, 2020

CUANDO MIS EMOCIONES NO COOPERAN



“Que tu dolor te haga caer de rodillas, porque allí encontrarás tu mayor fortaleza”.

– Sheila Walsh


Un día gris tocó a mi ventana, “solo vengo de pasada, permíteme alojarme en tu corazón”, me dijo con aroma a honestidad.

Su visita me tomó por sorpresa y antes de articular palabra alguna me abrazó con efusividad, dándome las gracias por mi hospitalidad.

Llenó mi espacio con su pesado equipaje; en menos de un suspiro extravié mi gozo, mi esperanza se escondió debajo de la cama, mi confianza salió despavorida por el corredor.

“¿Por qué me siento así?”, me cuestioné una y otra vez

Mis pensamientos se desplazaban agresivamente como soldados de guerra medieval, alborotando mis emociones, haciéndome sentir sola, fracasada, incomprendida, abandonada por Dios.

Pero, justo en medio del caos que ocurría en mi interior recordé que no era la primera vez que esto me ocurría, y a juzgar por la vida, probablemente tampoco sea la última.

Recordé los episodios amargos que me han moldeado —la mano de Dios que aun en mis momentos de mayor rebeldía y sordera espiritual me han abrazado con amor y misericordia; la tenacidad desarrollada a través de mis pequeñas semillas de fe en aquel que con su palabra creo las profundidades del universo y diseñó cada detalle de mi propósito y destino en él.

Poco a poco algo en mi comenzó a sentirse diferente. No pasó de un momento a otro, de hecho, me parece que esta visita se extendió más de lo previsto, pero en la medida que dejé de resistirme a la realidad de lo que me pasaba, encontré la libertad para ofrendar mi dolor a Jesús.

En su regazo aprendí que no todas las tormentas de la vida llegan a desestabilizar, aunque se sientan como tal. Muchas otras llegan a crear la plataforma para que la gracia de Dios sea revelada y manifestada en nuestras vidas.


No hay nada tan feo en la historia de nuestra vida que Dios no pueda usar para su gloria y para nuestro beneficio.



Amiga, los días grises también forman parte del paisaje, como canta Ricardo Arjona. Pueden ser oportunidades para rasgar nuestras vestiduras delante de Dios en transparencia, humidad y total vulnerabilidad.

¿Qué hacemos cuando un día gris toca a la puerta de nuestro corazón?

¿Qué hacemos cuando nuestras emociones no cooperan?

No soy experta en la materia, pero si puedo compartir contigo mi experiencia con Dios a través de mi imperfección y pisadas temblorosas de fe.

No niegues tus sentimientos ni tus emociones despeinadas, más bien, ofréndalas en una oración simple y real. Una conversación que exprese abiertamente el tsunami que llevas en tu corazón. Algo como…

Jesús, hoy me siento muy triste y confundida. Tú más que nadie conoces la guerra que llevo en mi interior. Ofrendo mis lágrimas, mis temores, mis inseguridades, mis ansiedades. Permíteme ver más allá de mis sentimientos. Permíteme verte a ti y descansar en tu amor por mí. Amén

Él entiende, él escucha, él sostiene, él transforma.

“No permitirá que tu pie resbale; jamás duerme el que te cuida”. 
– Salmo 121:3 (NVI)

Amor y Gracia,

Sandy



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