viernes, marzo 06, 2020

SANA, CRECE, FLORECE



Generalmente, el paso de fe que Jesús espera de mí es que acepte su gracia, suelte la carga y disfrute de su amor.




Hoy necesito pensar en mí.

Tengo paciencia conmigo misma.

Abrazo mi presente y las circunstancias que me rodean,

descanso en el amor de Dios y en su mano soberana que siempre me lleva a puerto seguro.

Acepto la invitación del silencio; escucho detenidamente mis sentimientos.

Lloro si siento hacerlo. No me excuso por mi vulnerabilidad, ni me escondo detrás de la fragilidad de pretender una fortaleza inexistente.

Admito que estoy cansada, que mis heridas a veces duelen, que mi fe está temblorosa, que necesito saltar a los brazos de Jesús y perderme en su aprobación, en su afirmación, en su paz.


La sanidad florece en el corazón que rinde sus heridas a Jesús.



Hoy necesito pensar en mí.

Pongo en pausa las opiniones de los demás, sus expectativas, sus consejos buenos o malos, y hasta sus buenas intenciones, para poder escuchar con claridad la conversación que Jesús desea tener conmigo.

Me niego a sacrificar esta invitación sagrada en el altar de opiniones humanas.


Nada, absolutamente nada, sustituye el tiempo que paso a solas con Jesús.


Hoy necesito pensar en mí.

Me doy permiso de revaluar todo lo que nubla mi estabilidad emocional.

A través del regalo de la oración suelto todo lo que está fuera de mi control.
Doy un paso de fe.

Miro a Jesús.

Me refugio en su abrazo.

Me regala su mejor sonrisa.


En mi momento de mayor vulnerabilidad recuerdo que Jesús me ama, me entiende y me da belleza a cambio de mis cenizas.



Hoy necesito pensar en mí.

Comparto una taza de café con el silencio, escucho la elocuencia de su voz.

Mis cargas se sienten menos pesadas.

La perspectiva divina alimenta mi fe.

Puedo ver más allá de mis limitaciones mentales.

Su amor renueva mis fuerzas.


Me siento plena, segura, reposada.



Hoy Necesito Pensar en mí.

Me rindo al amor de Jesús. Puedo sanar.

Recibo su amor. Puedo crecer.

Camino en su amor. Puedo florecer, puedo amarme a mí misma.

“En la tranquilidad y en la confianza está su fortaleza”. – Isaías 30:15 (NTV)

Amor y Gracia,

Sandy




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