viernes, mayo 08, 2020

SANA, CRECE, FLORECE



Muchas veces el paso de fe que Dios espera de mí es que acepte su gracia, suelte la carga y disfrute de su amor.






Hoy necesito pensar en mí.

Tendré paciencia conmigo misma.

Abrazo mi presente y las circunstancias que me rodean.

Escucho detenidamente mis sentimientos.

Lloraré si es necesario y no me excusaré por mi vulnerabilidad.

La sanidad florece en el corazón que rinde sus heridas a Jesús.


Hoy necesito pensar en mí.

Pongo en pausa las opiniones de los demás,

sus expectativas, sus consejos buenos o malos, y hasta sus buenas intenciones.

Me niego a sacrificar mi imperfección en el altar de su aprobación.

Prefiero ofrendarla a Dios, esperar, descansar en su amor por mí.

Permito que su belleza brille a través de las heridas más profundas de mi corazón,

aunque duela, aunque tarden en cicatrizar.

¡Su amor es mi refugio seguro!


Hoy necesito pensar en mí.

Me doy permiso de revaluar todo lo que perjudica mi estabilidad emocional.

A través del regalo de la oración suelto todo lo que está fuera de mi control.

Doy un paso de fe.

Espero en Jesús.

Le confío las cargas que hacen lento mi caminar.

Me refugio en su abrazo.

Me regala su mejor sonrisa.


Hoy necesito pensar en mí.

Me conecto con el silencio,

escucho la elocuencia de su voz.

Mis cargas se sientes menos pesadas.

Su perspectiva alimenta mi fe.

Puedo ver más allá de mis limitaciones humanas.

Su amor renueva mis fuerzas.

Me siento plena, segura, reposada.


Hoy necesito pensar en mí.

Me rindo a su amor. Puedo sanar.

Recibo su amor. Puedo crecer.

Camino en su amor. Puedo florecer.

“¡Levántate y resplandece, que tu luz ha llegado!” – Isaías 60:1

Amor y Gracia,


Sandy


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