viernes, septiembre 18, 2009

HABLEMOS CLARO


Todos tenemos en nuestro corazón una cajita donde guardamos nuestros recuerdos bonitos y esas experiencias inolvidables que nos roban una sonrisa cada vez que pensamos en ellas.
Los años que pasé en la secundaria con mis compañeros de clases no tienen precio, fueron vivencias que llenaron mi vida de felicidad.
Si existiera una máquina del tiempo, fuera la primera en fila, para tener la oportunidad de revivir esos episodios tan maravillosos: Mi primer flechazo de cupido, mi primer beso, mi primera rosa, mis mejores amigas y ..………. ¡muchas travesuras!

Era hermoso llegar de la escuela y almorzar con toda la familia y reunirnos en las tardes a hacer las tareas con los amigos….tiempos aquellos.

Actualmente las cosas son muy diferentes, tristemente tenemos que admitir que la crianza en estos tiempos se ha convertido en una guerra frontal, declarada abiertamente para fulminar de una vez por todas nuestros valores y principios morales.
Nuestros planteles escolares están llenos de violencia, los jóvenes se están matando en las escuelas y cada vez son más los niños que cargan armas en sus mochilas.
La pregunta es ¿Que estamos haciendo como padres? ¿Qué clase de video juegos les estamos comprando a nuestros hijos? ¿Qué hacen nuestros hijos en la computadora?
¿Qué permitimos que vean en la televisión?

Yo no se tú, pero yo he decidido confrontar esta situación y pararme en pie de guerra por mis hijas. Yo he decidido poner a Dios como el centro de mis decisiones y su palabra como autoridad final sobre nuestras vidas. He decidido presentarle a un Dios accesible, que las ama, las cuida y tiene planes perfectos para sus vidas. He decidido enseñarlas a no tener una religión sino una relación personal con su creador. De esta manera lograré que amen a su prójimo y tomen decisiones que no solamente nos honren a nosotros como padres sino también a Dios y a nuestra sociedad.

Nuestra sociedad es un reflejo exacto de nuestros hogares. Hogares saludables equivale a una sociedad saludable. La responsabilidad principal no es del departamento de policías ni del superintendente escolar, la responsabilidad es nuestra.
¿Estás dispuesta a asumir el reto?