viernes, diciembre 19, 2014

EL DÍA QUE JESÚS VINO A CELEBRAR LA NAVIDAD CONMIGO.

Foto: Lisa - Creative Commons



Cuando la Gracia—favor inmerecido de Dios— llega a mi encuentro en mi momento de mayor necesidad, el libreto de mi vida se  reescribe con tinta de “borrón y cuenta nueva."











Cuando empezó a ver las decoraciones en las tiendas y a escuchar las canciones navideñas sonar en las estaciones radiales, los recuerdos comenzaron a bombardear su mente con sentimientos encontrados. Por un lado estaba agradecida de tener salud, la bendición de tener a su familia y regalos para pintar sonrisas en sus hijos. 

Pero en lo más profundo de su interior, se debatía la tristeza de no tener a los seres queridos que partieron, la frustración de ver  alguno de sus sueños lejos de su realización y la presencia de heridas que el tiempo ha sido cruel en no quitarlas del camino.

Jesús, desde el cielo la observaba y entendía a la perfección su vulnerabilidad, pero al mismo tiempo, quería cambiar el curso de su historia. Así que empacó lo necesario y fue a su encuentro.


Tu necesidad es la entrada VIP para ver la Gracia de Dios operar maravillas en tu vida.

 


Desde entonces, ve la Navidad desde otra perspectiva y cuenta lo sucedido de esta manera:

El día que Jesús vino a celebrar la  Navidad conmigo, me tomó entre sus brazos y me afirmó una vez más lo amada y especial que soy para Él. Inicialmente lo recibí como un cliché; pero con ternura me enseñó las cicatrices en sus manos y me dijo: “lo hice por amor a ti.”

El día que Jesús vino a celebrar la Navidad conmigo, le volví a pedir perdón por los mismos errores del pasado. No me sentía digna de su visita, pero con una sonrisa en sus labios y esa mirada que se me hace difícil describir—por la ternura y paz que irradia, me vistió son su justicia y me dijo: “Morí por tus pecados y resucite para justificarte. Te perdoné la primera vez que me abriste tu corazón y no me acuerdo más de ellos. ¿Por qué insistes en recordar una deuda que pagué con mi propia vida?


“Cuando estamos confiadas en la justicia de Dios, nada puede movernos. A eso le llamamos descanso.”



 

-Dr. Creflo Dollar

 


Cuando Jesús vino a celebrar la Navidad conmigo, le mostré mis heridas, mis debilidades, mis angustias, ansiedades y todo lo que en lo natural hace mi andar tedioso y pesado. A lo que respondió: “Bástate mi Gracia, porque mi poder se perfecciona en tu debilidad. Quien tiene todo bajo control no necesita de mi ayuda."

Cuando Jesús vino a celebrar la Navidad conmigo, le di las gracias por todo lo que Él ha hecho en mi vida y le pregunté qué regalo esperaba de mí. Y Él me dijo: “Tu confianza en mi palabra. Le haces más caso a tus temores, a la voz de la culpa, a la opinión ajena, y a la cantaleta de tus razonamientos, que a  la identidad que tienes en mí. Descansa en mi perdón y en mi amor por ti.”


“Dios puede tomar nuestros errores y convertirlos en milagros, si perseveramos en creer confiadamente en Él.”

 

  – Joyce Meyer

 


Que esta Navidad puedas ver el verdadero regalo de la Navidad —JESÚS—, a quien no le importó dejarlo todo para venir a redimirte y darte vida en abundancia.

¡Feliz Navidad!

Sandy