sábado, enero 13, 2018

ENTONCES, DECIDÍ QUITARME LOS PATINES


Jesús, aunque el mundo vaya a mil por hora, decido refugiarme en la quietud de tu presencia, en la dulzura de tu voz y en la paz que tus palabras me infunden.
 
 
Hoy más que nunca siento la necesidad de desconectarme de las constantes demandas de mi mundo externo y retomar el control de mis prioridades. Lo demás puede esperar.
Hoy más que nunca necesito ver mi valor a través del brillo de tu mirada. Bailar sin vergüenza ni complejos al ritmo de tu aprobación perdida en tu sonrisa, segura en tu gracia, respaldada por tus promesas. Lo demás es irrelevante.
Hoy más que nunca necesito ser yo misma. Reencontrarme con mis pasatiempos favoritos sin importar cuan infantiles podrían sonar para otros. No sé, se me ocurre ver caricaturas hasta que los ojos se me pongan como dos huevos fritos y mi corazón suelte unas carcajadas como si nunca hubiera sabido de tristezas, decepciones y fracasos. Lo demás importa poco.
 

El gozo está en el viaje, no en puerto de llegada.

 

Hoy más que nunca necesito dejar de preocuparme por llegar a la meta. ¿Cuál es el afán?  Prefiero disfrutar del crecimiento que hay en el camino—los pequeños pasitos de progreso, los pequeños saltitos de fe, las pequeñas victorias— Pero sobre todo, la riqueza de tu presencia, la grandeza de tu amor, el poder de tu Palabra, la ternura de tu mirada, la suavidad de tu abrazo, en fin, todo tú. Lo demás es lo demás.
Hoy más que nunca necesito tomarme una taza de café, sin apuros ni responsabilidades. Disfrutar del arte de no hacer nada, estar presente y degustar cada sorbito como si fuera el primero. Lo demás puede esperar.
Hoy más que nunca quiero ver el éxito a través de tus ojos, Jesús. Intercambiar mis sueños por los que tú me ofreces, aprender a defender mi tiempo contigo y valorar sobre todas las cosas el regalo de tu compañía. Lo demás depende de este momento.
Hoy más que nunca decido quitarme los patines, respirar profundo, reenfocar mis prioridades y ser feliz.
Ustedes se salvarán solo si regresan a mí y descansan en mí. En la tranquilidad y en la confianza está su fortaleza. – Isaías 30:15 (NTV)
Amor y gracia,
Sandy