sábado, agosto 04, 2018

CONFESIONES DE UNA TAZA DE CAFÉ


Jesús no te pide que cambies, te pide que le permitas abrazarte en tu condición actual. ¡Su amor se encarga del resto!



Querida amante del café:

Por mucho tiempo he sido tu amiga incondicional, confidente y compañera de bellos momentos.

Escucho tus silencios, tus suspiros y todas esas conversaciones que tienes con Jesús, incluso las que prefieres escribir en tu diario personal para que nadie escuche tus dilemas y esos razonamientos locos que sólo tienen sentido cuando los compartes con él.

¿Sabías que él nunca se aparta de tu lado? Su presencia te acompaña a todas partes, lo que pasa es que muchas veces le crees más a tu estado de ánimo y a tus circunstancias, que a sus promesas.

Tienes que ver su rostro cuando lloras en confusión y miedo; te atrae hacia él, y con dulzura te susurra al oído: “No temas, yo estoy aquí. Cuando estás consciente de mi amor por ti, el temor no tiene más remedio que huir.”


Un corazón vulnerable ante Jesús se para con firmeza y confianza frente a cualquier situación, principalmente las que carecen de esperanza.



A veces parecieras no escucharlo, pero él nunca ha dejado de hablarte con palabras de afirmación y aprobación, como tejiendo con su voz un manto de paz que te conforta y te permite descansar.

Disfruto ver su cara sonriente, llena de satisfacción, cuando te atreves a pedirle por todo aquello que escapa de tu control, de tu poder, de tus recursos y conocimientos… 

¡Definitivamente le gusta que creas en él!

Muchas personas piensan que molestan a Dios cuando le piden por lo imposible, pero creo que es precisamente ese tipo de oraciones las que lo hacen sonreír. 


Orar es bailar con la esperanza, con la seguridad de que nuestra petición ha sido escuchada por aquel que tiene el poder de transformar lo imposible en posible.

 


Regularmente me mantengo callada, y tú bien lo sabes, pero necesitaba decirte estas cosas para que nunca dudes del amor de Jesús, de su fidelidad y de su constante presencia en tu vida.

No hay problema tan pequeño que él no quiera escuchar, ni tan grande que escape de su poder. Lo mejor de todo, es que a él le encanta pasar tiempo contigo y escucharte sin filtros ni modestia.

Así que te animo a hacer de su compañía el momento más importante de tu día.

Con Cariño,

Tu taza de café.

¡Mira! Yo estoy a la puerta y llamo. Si oyes mi voz y abres la puerta, yo entraré y cenaremos juntos como amigos. – Apocalipsis 3:20

Amor y Gracia,

Sandy