viernes, marzo 15, 2019

ELLA ENCONTRÓ SUS ALAS


Aunque había capítulos en su historia que prefería leer en voz baja, no se dejó definir por ellos. Su corazón reposaba en el autor de su vida. Sabía que tendría un final feliz.




Quien no la conoció en su fracaso se le dificulta entender su desprendimiento y falta de interés en ganarse el aplauso de los demás, vivir de apariencias e involucrarse en actividades y conversaciones que le roban el camino recorrido.

Tenías que haberla visto en su momento más bajo —temerosa, vulnerable y con más preguntas que respuestas—. Literalmente, su mundo se vino abajo.

Vivir, era un acto de sobrevivencia; sonreír, una expresión de hipocresía, y volver a soñar, una ironía amarga y difícil de digerir. Es que hay circunstancias que nos hacen comer polvo y nos roban la habilidad de mirar más allá de nuestro calvario.


 Solo Dios entiende nuestro silencio y nuestras lágrimas. Solo Dios puede sanar los lugares rotos de nuestro corazón como si nunca hubiera existido la herida y el dolor.



Ella entendió que su sanidad no estaba en mirar hacia abajo y quedarse estancada en el vaivén de sus emociones. Tampoco en mirar alrededor y comparar su proceso con el de los demás. 

Encontró la libertad mirando hacia arriba, mirando a Jesús —el autor de su historia, el arquitecto de su destino, el dueño de su corazón.

Paso a paso. Poco a poco. Un saltito de fe con rodillas temblorosas, otro pasito con emociones despeinadas. Siempre mirando hacia delante, tanto en días grises como en días soleados.

—¿Me das permiso de volver a caminar? —le preguntó a Jesús—. Buscando su aprobación para cerrar capítulos y darse la oportunidad de volver a comenzar. —Permiso para volar es más divertido que permiso para caminar. No todo lo que camina, vuela; pero todo lo que vuela puede también caminar. —respondió—.

Tres cosas la mantienen de pie, tres disciplinas de vida que son su gran tesoro, tres verdades que solo se aprenden en el regazo de Jesús: Su presencia, Su gracia y el poder de la oración.

¡Ella encontró sus alas!

“Mi ayuda viene de Dios, creador del cielo y de la tierra. Dios jamás permitirá
que sufras daño alguno. Dios te cuida y nunca duerme”. – Salmo 121:2-3

Amor y Gracia,

Sandy