viernes, agosto 06, 2021

QUERIDO JESÚS, HOY ME SIENTO…


 

Porque hablar con Dios pone todo lo demás en la perspectiva correcta.

 

 

Gracias por entender la elocuencia de mi silencio y el embrollo que cargo en mi corazón.

Gracias por salir a mi encuentro en mi momento más bajo, secar mis lágrimas y apretarme cerquita de tu pecho.

Las palabras salen sobrando. Gracias por no exigirme más de lo que puedo darte. Gracias por lo paciente que has sido conmigo.

¿Qué fuera de mí sin ti?

Jesús, estoy cansada. Cansada del bullicio de mis pensamientos, de la fragilidad de mis emociones, de la imperfección de mis circunstancias. Francamente, no me gusta este libreto, pero aquí el que manda eres tú, y nunca me has fallado.

Estoy cansada de los consejos insípidos, de las opiniones irrelevantes, de las expectativas que los demás ponen sobre mis hombros sin tomar en consideración mi desgaste emocional.

Hazme empática al dolor ajeno. Dame palabras de sabiduría y consuelo.

Te ofrendo mi vulnerabilidad, los rinconcitos dolorosos de mi corazón, mis miedos, mis preocupaciones y todo lo que mis lágrimas articulan mejor que mis palabras.

Si, me siento ¡blah! Gracias por entenderme y no juzgarme. Gracias por refrescar mi interior y darme cariñito. Lo necesito.

Gracias por darle vida a las piezas rotas de mi historia a través de tu favor inmerecido y tu misericordia.

Qué rico se pasa en tu compañía. Nada puede compararse a este sagrado momento donde desvisto mis heridas sin temor al rechazo.

¡Eres lo máximo!

Gracias Jesús,

¡Amén!

“Él sana a los de corazón quebrantado y les venda las heridas. Cuenta las estrellas y llama a cada una por su nombre.

¡Qué grande es nuestro Señor! ¡Su poder es absoluto!  ¡Su comprensión supera todo entendimiento!” - Salmo 147:3-5 (NTV)

Amor y gracia,

Sandy