viernes, abril 01, 2022

ME DEBO UNA DISCULPA


 

Procesa tus emociones en la presencia de Dios. Él entiende, no avergüenza.

 

 Para mi amiga extenuada...

A veces soy muy dura conmigo misma. Sacrifico mi esencia en el altar de mis propias expectativas, exigiéndome más, mucho más de lo que puedo sostener.

¿A quién trato de impresionar? ¿Con quién pretendo quedar bien?

Cuelo una taza de café e invito estas dos preguntas a una charla honesta. Respiro, le doy la bienvenida al silencio, y un nudo en la garanta me indica que toqué fondo —emocionalmente agotada, con un bullicio interno renuente al orden y a  la calma.

“Discúlpame”, dije con voz temblorosa y entrecortada, me regalé dulcemente un abrazo, y entre lágrimas y palabras de afirmación recordé que, para poder amar a los demás desde la belleza de mi esencia, primero debo elegir amarme a mí misma desde la empatía y la compasión —honrando mis limites, mi tiempo de descanso y esas opiniones externas que me roban la paz—, sin dar mayor explicación. Quien la necesita no la pide y quien la pide probablemente no la necesita.

Prometo amarme para poder amar a los demás como a mí misma.

Jesús contestó:

—“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”. Este es el primer mandamiento y el más importante. Hay un segundo mandamiento que es igualmente importante: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. – Mateo 22: 37:39 (NTV)

Amor y gracia,

Sandy

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