viernes, julio 28, 2023

ENTRE CAFÉ CON LECHE Y NUDITOS EN LA GARGANTA


 

¡Benditos espacios seguros donde podemos expresar nuestras emociones a través del llanto sin sentirnos avergonzadas ni juzgadas!

 

 

Emmanuel, Dios conmigo.

Y el Niño del pesebre creció, caminó mis calles, encontró mi casa, tocó a mi puerta. Lo recibí con mucha alegría y, por supuesto, lo invité a tomar café. Su sonrisa y su mirada fueron más elocuentes que muchas palabras.

Hablamos de muchas cosas, bueno, honestamente, hablé sin parar, él simplemente me escuchó paciente —me hizo sentir amada, segura y entendida.

Por momentos, asentía con la cabeza mientras yo trataba de explicarle mi disonancia interna. Siempre amoroso y atento, nunca me hizo sentir inadecuada o culpable por desahogarme sin filtros, al contrario, me motivaba a hacerlo. Verás, no sé cómo explicarlo, pero poco a poco esa ansiedad que me apretaba el pecho fue absorbida por la paz que circula alrededor de su persona—sereno y deslumbrante—.

Platiqué sobre esos pensamientos que aterrizan en piloto automático y despiertan sentimientos y emociones que me drenan; fui muy específica, los llamé por nombre y apellido —desde que no me siento calificada para luchar por mis sueños, hasta la mala costumbre de autocriticarme sin compasión, lo dije todo.

Jesús me regaló una sonrisa con su mirada. Aprovechó el paréntesis de silenció, alcanzó un kleenex, me dio un beso en la frente y secó mis lágrimas al compás de estas tres declaraciones:

Siempre estoy contigo. Te amo. Mi gracia es suficiente.

Fue especial.

No temas compartir tu desorden interno con Dios, él es experto en hacer obras de arte con nuestros garabatos.

Amor y gracia

Sandy