viernes, mayo 17, 2024

QUIÉRETE BONITO

 

Amor propio es dignidad. Es darte crédito por las batallas que has librado heroicamente defendiendo tu individualidad.

 

Para mi amiga que confunde amor propio con egoísmo.

 

Querida amiga:

Te escribo estas líneas para que juntas encontremos alivio a ese dilema que roba tu paz. Nada como una conversación honesta y cercana con quien ha sentido lo mismo que tú. No existe tal cosa como graduarse de amor propio, al contrario, ese es un regalo que debemos darnos y cultivar cada día. Cuando lo hacemos sin altivez, desde la dulzura de la humildad y el autorrespeto, retomamos la belleza de nuestra esencia y cultivamos relaciones más sanas.

El otro día, mientras tomaba mi cafecito mañanero, me quedé pensando en algunas verdades que a mi modo de ver aprendimos de manera distorsionada, me detuve específicamente en las hermosas palabras de Jesús, “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. ¿En qué momento tan acertada prescripción se transformó en excusa válida para traicionarnos a nosotras mismas en nombre del amor?

Nos enseñaron que poner las necesidades de otros por encima de las nuestras es una cualidad propia de gente buena y honorable, que amarnos es sinónimo de egoísmo, y así nos hicimos adultas, tratando de quedar bien con los demás, ignorando el gemido en nuestro interior que nos suplica cuidado y respeto.

Amor propio no es egoísmo. Es abrazar con honestidad y compasión nuestros defectos y virtudes. Es reconocer nuestros méritos, celebrar esas cualidades que hacen florecer nuestra originalidad. Un baile armonioso entre nuestro lenguaje físico, mental, emocional y espiritual. Así y solo así, amiga, aprendemos a amar a otros con total libertad, desde nuestra propia riqueza interior.

Amor y gracia,

Sandy