viernes, julio 03, 2020

EL ARTE DE APRENDER A RECIBIR


Jesús quiere que creas, vivas y celebres la opinión que él tiene de ti.

 


Te invito a pintar en el lienzo de tu imaginación la siguiente escena:

Jesús sale a tu encuentro con una sonrisa luna nueva en sus labios; la dulzura y el amor que irradia su mirada te envuelven en plenitud y significado.

Son tantas las emociones lindas que danzan en tu interior, que quisieras que el tiempo se detuviera para perderte en su mirada, para disfrutar de la paz que solo su compañía ofrece.

Extiende sus brazos con un hermoso regalo. Te dice con ternura: “Mira lo que tengo para ti, mi gracia. Es mi favor gratuito e inmerecido; no hay nada que puedas hacer en tus propias fuerzas para ganarla o merecerla, porque es un regalo. Lo único que tienes que hacer es recibirla con gratitud y humildad”.

¿Qué haces? ¿Aceptas con la sencillez de un corazón agradecido o tratas de recordarle tus faltas y desaciertos?

Con frecuencia, se nos hace muy difícil recibir el favor inmerecido de Dios, porque creemos que es demasiado bueno para ser verdad; estamos acostumbradas a ganarnos las cosas con nuestro propio esfuerzo. Sin embargo,la esencia de la gracia es que es gratuita e inmerecida, de lo contrario, deja de ser gracia.


Se necesita humildad para recibir lo que sabes que no puedes ganar y fe para abrazar una gracia tan radical.

 

 – Katherine Ruonala


El mismo Jesús que dibujó el poder de su amor a través de la historia de Las Cien Ovejas, hoy sale a tu encuentro para llevarte segura en sus brazos y recordarte que no importa que tan alejada te sientas de él, su gracia siempre será suficiente.

¡Déjate querer!

Yo creo que uno de los grandes obstáculos que nos impide tomar posesión de este maravilloso regalo, es que hemos creído que necesitamos permiso de nuestros sentimientos para creerle a Dios.

¿Cuántas veces hemos validado nuestros errores por encima del perdón absoluto de Dios?

Yo siento que no lo merezco…

Yo siento que esa promesa no aplica a mi situación…

Yo siento que Dios está cansado de mí…

Yo siento que mis oraciones no son escuchadas, etcétera, etcétera.

Amiga, no hay nada en la historia de tu vida que la Sangre de Cristo no pueda redimir.

La gracia de Dios se recibe a través de la fe, y la fe es creerle a Dios, principalmente cuando nuestro razonamiento navega en vía contraria a su verdad.

¡Déjate querer! Su gracia es suficiente.

A medida que permites que su amor conquiste cada rinconcito doloroso de tu mente y corazón, tus sentimientos también querrán bailar al ritmo de su favor, de sus promesas, de la libertad que solo encontramos en Jesús.

Recibir la gracia de Dios no es un evento de un día, sino una decisión que debemos tomar diariamente. Refugiarnos en ella, descansar en ella, crecer a través de ella,

Tranquila. Él no te va a tratar como otros lo han hecho. Jesús trata nuestras heridas con respeto y dignidad.

“y como es mediante la bondad de Dios, entonces no es por medio de buenas acciones. Pues, en ese caso, la gracia de Dios no sería lo que realmente es: gratuita e inmerecida”. – Romanos 11:6 (NTV)

Amor y gracia,

Sandy


viernes, junio 26, 2020

CAFÉ PARA DOS



No permitas que las heridas y tropiezos del camino empañen tu belleza y dignidad.

 


Desde antes de nacer me amaste; desde el vientre de mi madre me aprobaste. Me hiciste a la medida perfecta de la vida que diseñaste para mí. Y aunque no siempre estuve consciente de ello, puedo mirar el recorrido y suspirar. La realización de tu presencia en mi vida me hace sonreír.

Siempre has estado conmigo.

Desde antes de nacer me conociste, desde el vientre de mi madre tatuaste tu propósito en mí. Me creí dueña de mi vida tomando decisiones sin darte participación, no porque no eras importante, sino porque te creí distante y enojado conmigo. Sin embargo, el bien y la misericordia que me prometiste siempre me han acompañado, principalmente en los pozos ciegos de la vida.

Siempre has estado conmigo.

Desde antes de nacer sabías de mis culpas y fracasos. Desde el vientre de mi madre tu gracia bordó en el lienzo de tu corazón mi rescate. Me diste belleza en lugar de cenizas, traje de fiesta en lugar de espíritu de desaliento; abriste un camino en el desierto para mi y me cubriste con la bandera de tu amor.

Siempre has estado conmigo.

Me parece fascinante el árbol familiar que diseñaste para ti mismo; entre ellos, vasijas rotas con historias de fracaso, dolor y vergüenza.

Siendo Dios, elegiste lo débil y despreciado a los ojos humanos para identificarte con los capítulos de mi vida que prefiero leer en voz baja.

Jesús conmigo en mi tristeza.

Jesús conmigo en mi alegría.

Jesús conmigo en mis desiertos.

Jesús conmigo en verdes pastos.

Jesús conmigo en mi ansiedad.

Jesús conmigo en el reposo de mi alma.

¡Sanando! ¡Restaurando! ¡Restituyendo!

Amiga, no importa la situación que estás enfrentando, puedes descansar en la verdad de que Jesús está contigo en este mismo instante.

Puedes platicarle sobre tus bendiciones, tus alegrías y los pedazos rotos de tu historia. En su presencia hay abundancia y plenitud para cada una de tus carencias.

Atrévete a creer y a crecer a través de esta verdad transformadora.

“No tengas miedo, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios.Te daré fuerzas y te ayudaré; te sostendré con mi mano derecha victoriosa”. – Isaías 41:10 (NTV)

Amor y gracia,

Sandy


viernes, junio 19, 2020

CON LOS OJOS DEL ALMA





La verdadera plenitud no es una vida carente de luchas y lágrimas, sino la valentía de un corazón humilde que se atreve a rendir sus desiertos a Jesús, y es acogido bajo el brazo protector de su gracia.


Cuando te sientes estancada en la vida.

Cuando sientes que nadie aprecia lo que haces.

Cuando eres todo para los que te rodean, pero no parece ser recíproco.

Corre a sus brazos, cuéntale tus dilemas. Llora si es necesario y no te disculpes por ello.


Cuando las preocupaciones de mañana te roban la alegría de hoy.

Cuando tus sueños parecen haber perdido la brújula y comienzas a dudar de su validez.

Cuando tus pensamientos parecen mercado y tus emociones se niegan a cooperar.

Quédate quieta. Suelta todo a sus pies; descansa tu mente y corazón en la seguridad de su abrazo.

 

Escucha los latidos de su corazón; no hacen falta palabras. El poder sanador de su amor espanta tus miedos, restaura los callejones dolorosos de tu alma.

 

Si la desesperanza te arropa y sientes deseos de llorar.

Si las dudas llueven sobre tu cabeza y parece que Dios te ha olvidado.

Si la confianza te dejó solita y la imposibilidad sale a tu encuentro.

 

Cierra tus ojos físicos, abre los de tu interior. Si prestas atención, entenderás que no estás sola. Nunca lo has estado. Jesús está contigo.

¿Lo ves? Te regala su mejor sonrisa, seca con sus manos las lágrimas que cubren tus mejillas. Te mira fijamente, y de dice: “No temas. Yo estoy aquí contigo. Yo te ayudo”.

No es solo saber que Jesús nos ama, pero, sobre todo, ser receptivas a la grandeza de su amor y crecer a través de esta maravillosa verdad.

Amiga, cuando somos conscientes del amor de Dios hacia nosotras, principalmente cuando sabemos que no lo merecemos, experimentamos cualidades de su carácter de manera íntima, personal, cercana.

Su amor calma nuestros temores.

Su amor eleva nuestra perspectiva.

Su amor sana los lugares rotos de nuestro corazón.

Su amor opera milagros.

Su amor nos da plenitud en medio de la imposibilidad humana.


Recibe su amor con humildad y gratitud, justo en medio de las circunstancias que rodean tu vida.


“Clamé: «¡Me resbalo!», pero tu amor inagotable, oh Señor, me sostuvo. Cuando mi mente se llenó de dudas, tu consuelo renovó mi esperanza y mi alegría”. – Salmo 94: 18-19 (NTV)


Amor y Gracia,

Sandy



viernes, junio 12, 2020

VALIENTE Y VULNERABLE



“No excaves en duda lo que sembraste en fe”. 

 – Elizabeth Elliot



Dios respalda su palabra y siempre cumple sus promesas.

¿Estás de acuerdo? Yo también. Aunque, francamente, se me hace más fácil descansar en esta afirmación cuando las cosas marchan más o menos bien en mi vida, pero cuando mi mundo está de cabeza y mis pensamientos parecen jugar baloncesto con mis emociones comienzo a desplazarme en dirección opuesta.

Y es que la descripción de trabajo del temor es bombardear nuestros pensamientos con misiles de dudas para hacernos susceptibles a cuantas mentiras quieran aterrizar en nuestra mente.

Pero Dios no quiere que midamos su fidelidad de acuerdo a nuestro estado de ánimo—como niñas jugando a la suerte con una Margarita en la mano: me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere…

Poniendo en tela de juicio la soberanía de su palabra y la seguridad de sus promesas; como si dependiera de la fragilidad de nuestro esfuerzo, y no de su gracia y misericordia.


“Pero la alegría es la vulnerabilidad radical del alma que se atreve a decir: “Soy la amada de Dios y descansaré en Él”. – Bonnie Gray
 

Jesús entiende, Jesús escucha, Jesús responde, Jesús respalda.

Él conoce nuestras debilidades y no nos juzga por ello, al contrario, nos alienta recordándonos nuestra posición como hijas, nuestra identidad en él y su fidelidad hacia nosotras.

“¡Sé fuerte y valiente! No tengas miedo ni te desanimes, porque el Señor tu Dios está contigo dondequiera que vayas”. – Josué 1:9

Fíjate que Dios no dice que no sintamos temor, sino que no seamos prisioneras de este ¿Por qué? porque Él está con nosotras dondequiera que vamos.

Amiga, nuestra valentía y nuestra fuerza no están condicionadas a nuestras emociones, sino a la presencia de aquel va con nosotras en cada parte del camino.

¡Nuestro Dios Soberano!

Nuestra vulnerabilidad no anula la fidelidad de Dios, y podemos descansar en la verdad de que Dios respalda su palabra y siempre cumple sus promesas.

Valentía no es la ausencia de sentimientos encontrados, sino nuestra determinación de construir nuestras vidas en las promesas de Dios por encima de ellos.

Sentirnos vulnerables no significa debilidad. Generalmente, es un sentir propio de los procesos de transición que nos impulsan a un nivel superior de crecimiento.

Es posible ser valiente, vulnerable, llorona, fuerte y decidida; todo al mismo tiempo.

Viste tu mente y corazón con sus promesas, aunque dudas lluevan sobre tu cabeza.

No te avergüences ni te condenes por tus sentimientos, mejor ofréndalos a Jesús. Él renueva tus fuerzas, su poder se hace fuerte en tu debilidad, tu insuficiencia es suficiente en sus manos.

“Nadie podrá hacerte frente mientras vivas. Pues yo estaré contigo… No te fallaré ni te abandonaré”. – Josué 1:5 (NTV)

Amor y gracia,

Sandy



viernes, junio 05, 2020

SIGUE PEDALEANDO



La guerrera considera la oposición del enemigo como una señal de que va en la dirección correcta. – Lisa Bevere

 


¡Al final Dios siempre tiene la última palabra!

No nuestros sentimientos, nuestras circunstancias ni la opinión de los demás.

Si sientes que lo que Dios te ha prometido parece ahogarse en el mar de hechos visibles, no te rindas. Pedalea con la seguridad de que Dios siempre cumple sus promesas. Sus planes superan los nuestros; para él no hay nada imposible.

Si la preocupación ha hecho su entrada triunfal en tu mente, y la ansiedad ha consumido tu esperanza, recuerda que no estás sola en este sentir. 

Estos días han sido difíciles para todas, pero en medio de esta avalancha de cambios podemos descansar en la seguridad de que, si nuestra esperanza está puesta en Dios, Jamás seremos avergonzadas… así que sigue pedaleando.

Cuando entendemos que Dios nos ha dado la capacidad de elección, pensamos en lo que pensamos y cuidamos con celo nuestra mente. 

Es liberador recordar que no todo lo que vuela sobre nuestra cabeza está obligado a aterrizar en ella.

En la medida que meditamos en las promesas de Dios y alineamos nuestros pensamientos en la dirección de su amor y cuidado, aprendemos a ver más allá de nuestras limitaciones humanas, aunque nuestras emociones nos hagan sentir lo contrario. Recuerda:

  • Jesús te ama.
  • Su gracia es suficiente.
  • Su poder se hace fuerte en tu debilidad.

A medida que nuestro pensamiento asciende a la forma de pensar de Dios, la preocupación muere. – Gregory Dickow
 

Y es precisamente en medio de ese proceso de transición —lleno de retos y oraciones aparentemente no contestadas donde experimentamos de manera sobrenatural la manifestación de su amor, el abrazo de su gracia y la grandeza de su poder.

En la medida que confrontamos nuestras dudas con la verdad de sus promesas, cultivamos estabilidad y sentido de dirección. 

Esto nos garantiza una cosecha fresca y abundante de crecimiento, fortaleza y victoria.

¡A pedalear se ha dicho! Reposadas en Jesús, seguras en sus promesas, conscientes de su favor, felices en su presencia.

Poco a poco… paso a paso… un día a la vez.

Eres bendita porque creíste que el Señor haría lo que te dijo. – Lucas 1:45

Amor y gracia.

Sandy 


viernes, mayo 29, 2020

EL DULCE SECRETO DE TU VOZ


“Un talón herido aun puede aplastar la cabeza de la serpiente. Sigue avanzando, incluso si tienes que caminar cojeando “. – Sarah Jakes Roberts




Algunas heridas toman más tiempo que otras en cicatrizar. Nos hace bien hacer las paces con este argumento.

Pasa el tiempo, leemos libros, escuchamos consejos, asistimos a conferencias, y aunque por momentos sentimos cierto grado de alivio, la herida sigue sangrando.

Esto no solo podría generar un tsunami de emociones, sino también una discrepancia en nuestros sentimientos.

 Me explico: por un lado, sabemos que Dios nos ama y que sus promesas son verdaderas; y por otro, nos sentimos atascadas, dándole la vuelta a la misma montaña, pensamos que Dios se ha olvidado de la promesa o que simplemente está enojado con nosotras. 

Creo importante y sanador sentir lo que sentimos, más no permitir que nuestros sentimientos pongan en tela de juicio el amor de Dios, el poder de su gracia, la soberanía de su palabra ni la fidelidad de sus promesas.


“Procesa tu dolor en la presencia de Dios”.

  Sheila Walsh



Jamás te avergüences de ofrendar tus heridas más vulnerables a Jesús. Él te ama, él te entiende, y en su presencia encontramos una fuente inagotable de sanidad y restauración.

La sanidad emocional no es una línea recta, sino más bien como una montaña rusa –con sus altas y bajas.

Con frecuencia, la voz del temor habla más fuerte que la voz de la fe, pero si aprendemos a escuchar el dulce susurro de Jesús en medio de los ruidos internos que luchan por nuestra atención, saldremos victoriosas.

La voz de Jesús trae calma.

La voz de Jesús renueva los lugares rotos de nuestra alma.

La voz de Jesús nos mima y nos hace sentir seguras.  

La voz de Jesús nos premia con propósito y dirección.

El crecimiento eficaz ocurre lentamente, y es precisamente en el proceso donde con regularidad recibimos nuestro milagro de sanidad emocional.

Así que no te desanimes. Nuestros sentimientos van y vienen, pero las promesas de Dios son terreno fuerte y seguro dónde podemos construir nuestra vida.

Amiga, ten paciencia contigo misma. Ten paciencia con la obra de arte que Jesús está bordando en tu interior... valida su palabra por encima de todo aquello que intente contradecirla, asi sean tus propios pensamientos.

Crea el ambiente para recibir de Jesús. Abraza el silencio, medita en sus promesas, aférrate a su amor y a su favor inmerecido.

Jesús está cerquita de ti, pendiente de cada detalle en tu vida. Entra en su reposo.  

¡Jesús siempre gana!

“Sus fieles promesas son tu armadura y tu protección “. - Salmo 91:4 (NTV)

Amor y gracia,

Sandy



viernes, mayo 22, 2020

CRECIENDO EN FE



“No siempre siento su presencia. Pero las promesas de Dios no dependen de mis sentimientos; descansan en su carácter”. - She The Roar




Conozco esa mirada…

Déjame secar esas lágrimas… no te preocupes, no estás sola. Entiendo cómo te sientes, créeme que lo sé. Pero existe una realidad mayor que esa avalancha de emociones que te consume.

Aunque te sientas sola, no lo estás. Tus oraciones son escuchadas, tus lágrimas son tomadas en cuenta.

En este momento te sientes atrapada en un mar de imposibilidad, pero precisamente esa es la especialidad de nuestro Dios —abrir caminos en el desierto, ríos en lugares secos, puertas que nadie puede cerrar, y crear oportunidades que superan nuestras expectativas—.

¡Absurdo! Grita tu razonamiento, y esta es la mejor parte, porque la fe camina en vía contraria a lo que tiene sentido y se burla de lo que puedes percibir con tus ojos naturales.


“Hacer oraciones que asustan significa pedir por lo imposible y creer que puede suceder”.

 
– Lisa Bevere



Pero, ¡Dios no te trajo hasta aquí para abandonarte! Dios te trajo hasta aquí para cambiar tu perspectiva. Para enseñarte a bailar sobre las olas de la adversidad, no es en tus propias fuerzas, sino en Su soberanía, en Su amor y en Su gracia.

Amiga, muchas veces nuestras emociones hablan más alto que nuestra fe. No pierdas la calma, Dios tiene la última palabra. Valida tus sentimientos, pero no permitas que ellos decidan por ti.

No es cuestión de cómo te sientes, sino en quién tienes puesta tu confianza.  Dios es más grande que cualquier circunstancia que salga a tu encuentro. Dios te ama y te trajo hasta aquí para glorificarse en tu vida.

 ¡Créelo!

El camino de la fe no es el más transitado, pero es el más seguro. Dios no se ha olvidado de ti.

Descansa en su abrazo. Recibe su amor.

Ofrenda tu vulnerabilidad y tus dudas a Jesús.

Ora con la seguridad de que tu petición es escuchada por aquel que tiene el poder de transformar lo imposible en posible.

Poco a poco, un día a la vez…  regando tus semillas de fe con el reposo que solo encuentras en su compañía.

Dios te ama.

Dios te cuida.

Dios gana tus batallas.

Los que siembran con lágrimas cosecharán con gritos de alegría. Lloran al ir sembrando sus semillas, pero regresan cantando cuando traen la cosecha”.
 - Salmo 126: 5-6 (NTV)


Amor y Gracia,


Sandy



viernes, mayo 15, 2020

UN DÍA A LA VEZ




Si abrazas la paz del silencio, podrás escuchar el suave susurro de Jesús, recordándote que está cerquita, pendiente y haciendo nuevas y mejores cosas.



¡Y de repente la vida cambió de coreografía!

Sin consultar, sin pedir permiso, sin tomar en cuenta nuestra opinión.
De un día para otro fuimos arropados por lo desconocido, y nuestra fragilidad fue puesta al descubierto. No somos tan autosuficientes como pensamos.

Tener salud es tener riqueza.

Los abrazos son medicina orgánica.

Los buenos vecinos son nuestros familiares más cercanos.

Tener fe en Jesús es el antídoto para la desesperanza y lo incierto.

Porque, aunque nuestro entorno se vista de inseguridad y nuestras emociones sientan la presión del cambio, podemos descansar en la verdad inconmovible de que Jesús es el mismo ayer, hoy y por siempre.

Si miramos a nuestro alrededor es fácil perder el equilibrio, pero cuando nuestro enfoque está en Jesús podemos ver un nuevo renacer a través de los ojos de la fe, justo en medio de la imperfección de nuestras circunstancias.

Sé honesta con tus sentimientos, sé honesta con Jesús. Ofréndale tu vulnerabilidad y cuestionamientos, a medida que te pierdes en la seguridad de tu amor y fidelidad.


El secreto está en creerle a Jesús con la simpleza e ingenuidad de un niño, por encima de nuestro estado de ánimo.



El mismo Jesús que transformó en agua en vino, está pendiente de cada detalle en tu vida.

El mismo Jesús que multiplicó los panes y los peces, suple de manera abundante cada una de tus necesidades.

El mismo Jesús amoroso, misericordioso y milagroso que bajó del cielo para identificarse con nuestras carencias, está contigo en este mismo instante, a una oración de distancia. Aunque lo más elocuente que puedas articular sean tus lágrimas, él te entiende.

La vida puede estar cambiando de coreografía, pero Jesús se sabe todos los pasos. ¡Él es el mismo ayer, hoy y por siempre !

Descansa tu mente y emociones en esta maravillosa verdad.

“El Señor mismo peleará por ustedes. Solo quédense tranquilos”. – Éxodo 14:14 (NTV)

Amor y Gracia,

Sandy




viernes, mayo 08, 2020

SANA, CRECE, FLORECE



Muchas veces el paso de fe que Dios espera de mí es que acepte su gracia, suelte la carga y disfrute de su amor.






Hoy necesito pensar en mí.

Tendré paciencia conmigo misma.

Abrazo mi presente y las circunstancias que me rodean.

Escucho detenidamente mis sentimientos.

Lloraré si es necesario y no me excusaré por mi vulnerabilidad.

La sanidad florece en el corazón que rinde sus heridas a Jesús.


Hoy necesito pensar en mí.

Pongo en pausa las opiniones de los demás,

sus expectativas, sus consejos buenos o malos, y hasta sus buenas intenciones.

Me niego a sacrificar mi imperfección en el altar de su aprobación.

Prefiero ofrendarla a Dios, esperar, descansar en su amor por mí.

Permito que su belleza brille a través de las heridas más profundas de mi corazón,

aunque duela, aunque tarden en cicatrizar.

¡Su amor es mi refugio seguro!


Hoy necesito pensar en mí.

Me doy permiso de revaluar todo lo que perjudica mi estabilidad emocional.

A través del regalo de la oración suelto todo lo que está fuera de mi control.

Doy un paso de fe.

Espero en Jesús.

Le confío las cargas que hacen lento mi caminar.

Me refugio en su abrazo.

Me regala su mejor sonrisa.


Hoy necesito pensar en mí.

Me conecto con el silencio,

escucho la elocuencia de su voz.

Mis cargas se sientes menos pesadas.

Su perspectiva alimenta mi fe.

Puedo ver más allá de mis limitaciones humanas.

Su amor renueva mis fuerzas.

Me siento plena, segura, reposada.


Hoy necesito pensar en mí.

Me rindo a su amor. Puedo sanar.

Recibo su amor. Puedo crecer.

Camino en su amor. Puedo florecer.

“¡Levántate y resplandece, que tu luz ha llegado!” – Isaías 60:1

Amor y Gracia,


Sandy


viernes, mayo 01, 2020

ALGO LINDO VIENE POR AHÍ



“Levántate, pequeño girasol… incluso en el caos, eres libre de florecer”. -Morgan Harper Nichols



Jesús no vino a aplaudir la perfección, sino a amar, levantar y bendecir al caído.
Aunque para ella era un sábado como cualquier otro, para Jesús era un día muy especial. Un día de grandes sorpresas y celebración.

Con mucha dificultad se bañó, se vistió y mirándose al espejo suspiró. Tibias lágrimas rodaron por sus mejillas, y aunque no dijo una sola palabra, la elocuencia de su corazón fue escuchada atentamente por su creador. Definitivamente no era un sábado como cualquier otro.

Sus heridas eran tan profundas, su dolor tan vergonzoso, sus cadenas tan pesadas, que pensaba que estaba condenada a caminar encorvada, al fin de cuentas por dieciocho años esa ha sido su realidad.

Su anhelo de ser libre la llevó por caminos que agravaron más su condición, abortando cualquier rayito de esperanza que le permitiera soñar con un nuevo comienzo.

Ya sentada en la congregación, mirando al suelo, escuchaba las voces de aquellos que de frente se compadecían de ella, pero a su espalda la condenaban, criticaban y se burlaban.

Estaba emocionalmente gastada y espiritualmente a punto de darse por vencida.

Había escuchado hablar de Jesús, sabía que había algo diferente en Él, pero estaba segura de que era casi imposible que la tomara cuenta en medio de tantas personas. Decía en sus adentros: “Cuanto me gustaría ser libre de mi aflicción.”

¿Habrá algo imposible para Dios? Lo que para muchos era una reunión más en la sinagoga, para Jesús era una cita divina. Él había orquestado todo para vestirla de justicia, honra y dignidad.

Contra toda incredulidad, expectativa y protocolo, Jesús hizo cuatro cosas que dejaron a sus mayores críticos echando chispas y a esta mujer bailando de alegría.

Jesús la vio, Jesús la llamó, Jesús le habló, Jesús la tocó.


“Mujer, quedas libre de tu enfermedad.” -Jesús



¡Y en ese mismo instante la mujer se enderezó y comenzó a alabar a Dios!

Cual girasol en las manos de Jesús se dejó abrazar por el amor de su mirada, y a la luz de su gracia—Favor inmerecido, gratuito de Dios— encontró su libertad y un nuevo comienzo.

Porque es precisamente, querida amiga, en nuestra dependencia, en nuestra rendición, en nuestra debilidad e incapacidad de hacer las cosas en nuestras propias fuerzas donde su poder y plenitud se manifiestan y perfeccionan en nosotras.

“El llanto podrá durar toda la noche, pero con la mañana llega la alegría”. 
– Salmo 30:5 (NTV)

Amor y Gracia,

Sandy