viernes, marzo 27, 2020

TEMBLOROSOS PASITOS DE FE



“El Lugar secreto del Altísimo es estar en Cristo, el escondite más seguro”. – Joseph Prince



Exhala.

Esa palabra captó mi atención mientras mi dedo índice se movía con rapidez pegado a la pantalla de mi celular.

¿Exhala? Así que me detuve y leí el resto del mensaje compartido por Propel Women: “Tal vez ni siquiera te has dado cuenta de que estás aguantando la respiración… pero Dios te invita a exhalar”.

En ese momento me di cuenta de que por días había estado contrayendo los músculos de mi abdomen inconscientemente, entonces respiré, exhalé y dos lágrimas corrieron por mis mejillas. Sin darme cuenta, mi cuerpo estaba reaccionando al estrés y a la incertidumbre que todos vivimos.

Y mientras acepté la invitación a respirar, ofrendé mi vulnerabilidad a Jesús. Él no nos exige perfección. Él entiende nuestra fragilidad.

Cuando salto a sus brazos y reconozco que, a pesar de mis temblorosos pasitos de fe, es él quien pelea mis batallas, es su poder que se hace fuerte en mi debilidad.

Un corazón confuso que corre a los brazos de Jesús siempre encuentra comprensión y reposo.

Caminar en fe no es pretender fortaleza negando nuestras circunstancias y sentimientos, sino aceptar nuestros sentimientos sin que estos nos controlen, conscientes de que Dios nos ama, nos entiende, nos cuida y gana todas las batallas. ¿Amén? ¡Amén!

Así que vamos a respirar, vamos a descansar en el regazo de Jesús y vamos a ser receptivas a su voz de amor y comprensión.

 Jesús nos invita a refugiarnos en su amor, el lugar secreto donde crecemos, florecemos y descansamos.

“¡El Señor mismo te cuida! El Señor está a tu lado como tu sombra protectora”.
 – Salmo 121:5 (NTV)

Amor y Gracia,

Sandy

viernes, marzo 20, 2020

MEJOR HABLA CON JESÚS


“En una aplastante ansiedad ella encontró una gracia aplastante”. – Morgan Harper Nichols




… Y de pronto el mundo frenó.

Lo que parecía importante dejó de serlo.
Nuestras prioridades se reorganizaron, nuestra agenda marcó una nueva rutina de vida.

Nos extiende una invitación a meditar, a confiar en Dios y a practicar la empatía, mientras la incertidumbre y la confusión luchan por estar en los primeros lugares de nuestro “hit parade” mental.

Mejor habla con Jesús. Exprésale sin rodeos tus temores. Él nos escucha, nos entiende y no minimiza nuestras emociones. Sabe que somos humanos.

Eso sí, él no quiere que nos quedemos en “panic mode”, sino que confiemos en la fuerza de su amor y descansemos bajo su mano soberana. Sus fieles promesas son nuestra armadura y protección.


“No tengan miedo, ¡yo estoy aquí!” – Jesús



Mejor habla con Jesús. Cierra tus ojos e imagínalo frente a ti con su rostro lleno de amor y compresión, diciéndote: No tengas miedo, ¡yo estoy aquí! Lo que es imposible para los seres humanos es posible para Dios.

Amiga, Jesús es tu lugar de reposo. En su amor el temor se derrite como mantequilla expuesta al sol de verano.

Te motivo a darle voz y pasos firmes a tu fe. Tú puedes hacer la diferencia en medio de esta crisis mundial a través del poder de la oración. Si te gusta orar en voz audible, hazlo. Otra manera podría ser a través del uso de una libreta o journal de oración.

 Ora por tu familia, por tu ciudad, por tu país, por los doctores y enfermeras, por los gobernantes, por los enfermos en los hospitales… ¡Ora! ¡Ora! ¡Ora!

 ¡Ora por el mundo! ¡Habla con Jesús!

“Bendito el hombre que confía en el Señor y pone su confianza en él. Será como un árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme que llegue el calor, y sus hojas están siempre verdes. En época de sequía no se angustia, y nunca deja de dar  fruto”. – Jeremías 17: 7-8 (NVI)

Amor y Gracia,

Sandy



viernes, marzo 13, 2020

EN LA HAMACA DE DIOS



Descansa tu mente y corazón en el Dios que puede y quiere hacerlo.



“¡El Dios que sostiene el universo sostiene mi vida!” 

Fueron sus últimas palabras antes de cerrarle la puerta en las narices al temor, a la preocupación y a la duda.

No ha sido tarea fácil, pero su deseo de avanzar supera los sentimientos encontrados que le insisten que abandone la batalla.

Diariamente hace lo mismo: con firmeza y determinación espanta a esos forasteros de su mente desde su lugar de reposo—su identidad en Dios—. Ahí encuentra el amor y la aprobación que nutren su valentía.

Por mucho tiempo fue marioneta de cuanto pensamiento aterrizaba en su cabeza; manipulada por cada historia de terror que el miedo le contaba, memorias que la avergonzaban, suposiciones que la ahogaban en un mar de ansiedad.

Pero todo cambio el día que su miseria fue interrumpida por el único con autoridad para hacerla verdaderamente libre, ¡Jesús! Ante su imponente presencia sus angustiadores no tuvieron más alternativa que implorar misericordia y salir corriendo como ratones cobardes.

Con frecuencia la voz del desánimo habla más fuerte que el susurro y afirmación de Dios. ¡No pierdas el enfoque! Jesús siempre gana, Jesús siempre tiene la última palabra.

Jesús sale a nuestro encuentro en nuestro momento más oscuro; nos sostiene cuando creemos que no hay esperanza; nos revela su verdad en medio de nuestra confusión, nos abraza con su gracia cuando creemos no merecer su amor.

Y es precisamente en el abrazo de la aprobación divina donde experimentamos libertad en nuestro patrón de pensamientos y paz emocional… poco a poco… paso a paso……creciendo a través del proceso, sanando un pensamiento a la vez.

Amiga, te invito a vestir tu mente y corazón con las palabras de esperanza y protección del Salmo 91. Te aseguro que a medida que medites y endulces tu alma en esta maravillosa verdad, también podrás decirle a esos visitantes indeseados desde una posición de reposo y victoria:

¡El Dios que sostiene el universo, sostiene mi vida!

“Los que viven al amparo del Altísimo encontrarán descanso a la sombra del Todopoderoso”. -  Salmo 91:1 (NTV)

Amor y gracia,

Sandy



viernes, marzo 06, 2020

SANA, CRECE, FLORECE



Generalmente, el paso de fe que Jesús espera de mí es que acepte su gracia, suelte la carga y disfrute de su amor.




Hoy necesito pensar en mí.

Tengo paciencia conmigo misma.

Abrazo mi presente y las circunstancias que me rodean,

descanso en el amor de Dios y en su mano soberana que siempre me lleva a puerto seguro.

Acepto la invitación del silencio; escucho detenidamente mis sentimientos.

Lloro si siento hacerlo. No me excuso por mi vulnerabilidad, ni me escondo detrás de la fragilidad de pretender una fortaleza inexistente.

Admito que estoy cansada, que mis heridas a veces duelen, que mi fe está temblorosa, que necesito saltar a los brazos de Jesús y perderme en su aprobación, en su afirmación, en su paz.


La sanidad florece en el corazón que rinde sus heridas a Jesús.



Hoy necesito pensar en mí.

Pongo en pausa las opiniones de los demás, sus expectativas, sus consejos buenos o malos, y hasta sus buenas intenciones, para poder escuchar con claridad la conversación que Jesús desea tener conmigo.

Me niego a sacrificar esta invitación sagrada en el altar de opiniones humanas.


Nada, absolutamente nada, sustituye el tiempo que paso a solas con Jesús.


Hoy necesito pensar en mí.

Me doy permiso de revaluar todo lo que nubla mi estabilidad emocional.

A través del regalo de la oración suelto todo lo que está fuera de mi control.
Doy un paso de fe.

Miro a Jesús.

Me refugio en su abrazo.

Me regala su mejor sonrisa.


En mi momento de mayor vulnerabilidad recuerdo que Jesús me ama, me entiende y me da belleza a cambio de mis cenizas.



Hoy necesito pensar en mí.

Comparto una taza de café con el silencio, escucho la elocuencia de su voz.

Mis cargas se sienten menos pesadas.

La perspectiva divina alimenta mi fe.

Puedo ver más allá de mis limitaciones mentales.

Su amor renueva mis fuerzas.


Me siento plena, segura, reposada.



Hoy Necesito Pensar en mí.

Me rindo al amor de Jesús. Puedo sanar.

Recibo su amor. Puedo crecer.

Camino en su amor. Puedo florecer, puedo amarme a mí misma.

“En la tranquilidad y en la confianza está su fortaleza”. – Isaías 30:15 (NTV)

Amor y Gracia,

Sandy




viernes, febrero 28, 2020

NO ESTÁS SOLA



El amor de Dios es tan grande y maravilloso que nos toca desenvolverlo y degustarlo cada día.



Desde antes de nacer me amaste. Desde el vientre de mi madre me aprobaste. Me hiciste a la medida perfecta de la vida que diseñaste para mí. Y aunque no siempre estuve consciente de ello, puedo mirar el camino recorrido y suspirar, al mismo tiempo que la realización de tu presencia me hace sonreír.

Siempre has estado conmigo.

Desde antes de nacer me conociste. Tatuaste tu propósito en mi corazón. Me creí dueña de mi vida tomando decisiones sin darte participación, no porque no eras importante, sino porque te creí distante y enojado conmigo. Sin embargo, el bien y la misericordia que me prometiste, siempre me han acompañado, principalmente, en los pozos ciegos del camino.

Siempre has estado conmigo.

Desde antes de nacer sabias de mis tropiezos y fracasos. Tejiste un manto de gracia con el hilo de tu amor, y cubriste mi desnudez. Enjugaste cada una de mis lágrimas, me devolviste la sonrisa y me enseñaste a bailar al ritmo de tus promesas. Abriste camino en medio de lo imposible y elevaste mi perspectiva.

Siempre has estado conmigo.

Siendo Dios, preferiste venir al mundo a través de un árbol familiar imperfecto; elegiste lo débil y despreciado a los ojos humanos para identificarte con los capítulos de mi vida que  han quebrantado mi corazón.

Jesús conmigo en mi tristeza.

Jesús conmigo en mi alegría.

Jesús conmigo en mis temores.

Jesus conmigo en mis dudas.

Jesús conmigo en mi ansiedad.

Jesús conmigo en mi necesidad.

¡Sanando! ¡Restaurando! ¡Restituyendo!

Puedo compartirte mis bendiciones, mis alegrías y los pedazos rotos de mi historia.
En tu presencia hay abundancia y plenitud para cada una de mis carencias.

No estoy sola.

¡Siempre has estado conmigo!

 “No tengan miedo, ¡yo estoy aquí!” – Jesús (Juan 6:20)

Amor y Gracia,

Sandy



viernes, febrero 21, 2020

A VECES ME TOCA APLAUDIRME A MÍ MISMA



“El desaliento intentará venir a nuestras mentes para bajar nuestras cabezas, pero Jesús quiere levantar nuestras cabezas y hacernos radiantes”. – Katherine Ruonala




Nada, absolutamente nada, sustituye su toque de amor y sanidad.

Las buenas amigas son un regalo de Dios. Son ese grupo de porristas entusiastas que nos acompañan en este viaje agridulce que llamamos vida.

La amiga optimista, que siempre resalta nuestras cualidades positivas y nos regala una perspectiva fresca de las circunstancias que nos rodean. La amiga que le falta un tornillo, tiene la magia de hacernos reír a carcajadas con sus ocurrencias cuando nos sentimos bautizadas en zumo de limón.

La amiga aventurera, que constantemente nos empuja a salir de nuestra zona de comodidad, confrontar nuestros temores y probar alimentos con nombres y aspecto sospechosos; y por supuesto, la amiga “coach”, la que siempre tiene la palabra correcta para cada resfriado del alma.

Pero, aunque todas son valiosas y especiales, muchas veces nos toca atravesar ciclos donde pensamos que nadie nos entiende—nos sentimos ignoradas, y hasta podríamos poner en tela de juicio la fidelidad de la amistad—, hasta que entendemos que hay desiertos emocionales que solo se superan en el regazo y en el abrazo de nuestro amado Jesús.


Un corazón confuso que corre a los brazos de Jesús siempre encuentra comprensión y reposo.



Aunque los días grises no son muy populares, también tienen su encanto. Son una fuente orgánica de crecimiento y sabiduría.

 ¡Claro! en el momento no son nada divertidos, pero a medida que rendimos nuestra insuficiencia, nuestras lágrimas, nuestros dilemas, con la sencillez de un corazón sin pretensiones, conocemos a un Jesús que ama, entiende y escucha.

Y es precisamente en esa entrega donde ganamos la confianza de aplaudirnos a nosotras mismas, cuando nadie más lo hace, cuando nadie más entiende nuestro proceso. 

Ya que nuestra confianza no está en la fragilidad de nuestras circunstancias o en la montaña rusa de nuestro estado de ánimo, sino en aquel que es soberano sobre todas las cosas.

¡Y quién tiene a Dios lo tiene todo y muchísimo más!

Amiga, si  en este mismo instante te sientes así, no te desanimes. No estás sola. Jesús está cerquita de ti. En algún momento todas hemos cargado heridas tan profundas en nuestro interior que solo el toque sanador de Jesús pudo devolvernos nuestra libertad.

Y la mejor noticia que puedes escuchar hoy es que ¡él quiere, él puede y él lo hará en tu vida!

Jesús te ama. En sus manos tus heridas y las cargas que hacen lento tu caminar están obligadas a rendise a su toque sanador.


“Pero yo te restauraré y sanaré tus heridas —afirma el Señor—–” 
- Jeremías 30:17

Amor y Gracia,

Sandy



viernes, febrero 14, 2020

ROTA Y HERMOSA



Si pretendiéramos menos y abrazáramos más nuestra imperfección, fuéramos conscientes de la lluvia de gracia que Jesús nos ofrece cada día.



Todos estamos rotos…

Todos tenemos capítulos en nuestra historia que preferimos leer en voz baja.

Heridas que han tardado más de lo esperado en cicatrizar.

Sueños guardados en un cajón que nunca se hicieron realidad.

Luchas internas que preferimos cargar en silencio por lo complicado de tratar de explicarlo con palabras.

Temores, fracasos, donde en un mundo de Instagram y Facebook, nuestra percepción equivocada de la vida de los demás, podría hacernos sentir que todos están en su mejor memento, menos nosotras.

Hemos hecho del perfeccionismo un estándar, aunque internamente nos consumimos en nuestra incapacidad de lograr sus absurdas exigencias. A veces, nos sentimos estancadas, otras veces, incapaces, incomprendidas o simplemente solas.

Pero, justo en medio de nuestro caos interno—de nuestras emociones abolladas, de nuestra lucha mental— siempre contamos con la elección de saltar a los brazos de Jesús, aunque nuestros sentimientos nos quieran perpetuar en su miseria.

La fidelidad de Dios está por encima nuestro estado de ánimo. Su palabra destruye argumentos que contradicen su verdad, y la verdad es que Él nos ama y puede hacer muchísimo más de lo que podamos imaginar o pedir.


Si se lo permitimos, Jesús puede transformar las piezas rotas de nuestra historia en una fuente inagotable de gracia y propósito.



Amiga, cuando desnudamos nuestras heridas, cuando le ofrendamos nuestro dolor, somos embestidas con el tsunami de su misericordia y favor.

En sus manos tus heridas son sagradas. Él no avergüenza. Al contrario, te recuerda que su gracia es todo lo que necesitas, que su poder se hace fuerte en tu vulnerabilidad.

Usa tu mente para meditar en la profundidad de su amor por ti y en la veracidad de sus promesas.

Usa tus labios para hablar en la misma frecuencia de su aprobación y su gracia.

Usa tu fe para caminar en la dirección de la opinión que Él tiene de ti.

Puede que todas estemos abolladas, pero también es cierto que Dios se especializa en usar vasijas rotas como trofeo de su gracia.

Te invito a descansar tu mente y corazón en las palabras del Salmo 34:5

 “Los que buscan su ayuda estarán radiantes de alegría; ninguna sombra de vergüenza les oscurecerá el rostro”. – Salmo 34:5 (NTV)

Amor y Gracia,

Sandy



viernes, febrero 07, 2020

EN GRATITUD Y TRANSPARENCIA


“Cada vez que reconocemos nuestro quebrantamiento y lo traemos a Dios para sanarlo, tenemos una nueva oportunidad de experimentar el amor y el poder de Dios”.

– Richard J. Hauser



Jesús, gracias por tu compañía, la tranquilidad del momento, y por supuesto, mi tacita de café. Se pasa rico a tu lado.

Gracias por permitirme disfrutar de tu presencia en total transparencia —sin pretensiones, palabras rebuscadas ni hipocresía.

Desvisto las heridas de mi corazón ante ti; encuentro en tu mirada paciencia y comprensión.

Expreso abiertamente mis inseguridades, temores y esos pensamientos que me ponen ansiosa e interrumpen mi sueño.

Gracias por siempre estar ahí para mí; por no desesperarte al tener que repetirme una y otra vez que en tus brazos estoy segura y que eres tú quien pelea mis batallas.

Gracias por comprender mi humanidad —por entender mi silencio, leer mis lágrimas y no exigirme perfección.


No subestimes el poder de una mujer vulnerable postrada ante Jesús.



Cuando estoy cerquita de ti el tiempo pasa despacio, tus palabras llenas de amor y verdad interrumpen el razonamiento de mi confundido corazón. Tus susurros me devuelven la sonrisa y me llenan de valentía. Mis problemas se ven pequeños cuando los veo a través de la perspectiva de tu soberanía y poder.

Gracias Jesús, por invitarme a entrar con confianza a tu trono de gracia, por recibirme en mi debilidad. Por hacer una obra de arte con las cenizas que te entregué.

Tu aprobación y aplauso me han tomado de sorpresa. Nunca pasó por mi mente lo valiosa que soy para ti. Gracias por tus demostraciones de cariñó y por entender que muchas veces se me dificulta digerir esta verdad tan maravillosa.

Eres mi lugar secreto, mi refugio seguro, la almohada donde reposan mis sueños y anhelos más profundos.

Gracias Jesús. En ti descanso mi mente, mi voluntad y mis emociones.

¡Amén!

“Pero tú, oh Señor, eres un escudo que me rodea; eres mi gloria, el que sostiene mi cabeza en alto”. – Salmo 3:3 (NTV)

Amor y Gracia,

Sandy



viernes, enero 31, 2020

EN LA DIRECCIÓN CORRECTA




Usa tu imaginación para dibujar en el lienzo de tu mente lo que Dios te ha prometido.



¡La imaginación es un regalo de Dios!           
         
Para que soñemos y podamos ver con los ojos de la fe lo que él ha dicho que hará en nuestras vidas

Como una pantalla en alta definición donde a través de la esperanza podemos visualizarnos libres, plenas, cumpliendo el propósito para el cual fuimos creadas.

Todo en la vida es pasajero, pero la palabra de Dios permanece por toda la eternidad.

Jesús es la piedra angular donde podemos construir nuestros sueños, diseñar nuestras vidas y vivir cada día con la seguridad de que a pesar de las vicisitudes del mundo que nos rodea, de su mano siempre avanzamos, crecemos y estamos seguras.

Él es soberano, su palabra es soberana, sus promesas verdaderas.

Tú eres su hija —amada, aprobada, coronada de favor y dignidad.

Créelo, medita en esta verdad y crece a través de ella.


“Si Dios lo dijo, él lo hará. Punto final”.

 – Christine Caine



Yo creo que por mucho tiempo le hemos permitido al miedo y a nuestras inseguridades pintar el lienzo de nuestra imaginación; yo soy la primera en aceptar este hábito que tanto nos roba y limita.

Renovemos nuestros pensamientos en la dirección de Jesús, pintemos nuestra imaginación con sus promesas. Vivamos su palabra, palpemos su palabra, disfrutemos su palabra, antes de poder percibirla con nuestros ojos naturales.

Confiar en Dios es celebrar la promesa antes de que se haga realidad. De eso se trata, de creer antes de ver.

Aceptemos la invitación de caminar de su mano en la alfombra roja celestial, luciendo nuestros tacones de fe, vestidas de gracia y dignidad; seguras de su amor y aprobación, principalmente cuando sabemos que no somos merecedoras de su favor.

Amiga, un pensamiento sana otro pensamiento. Usar nuestra imaginación para la gloria de Dios más que una buena idea o una disciplina, es un acto de obediencia. Debemos darle voz y pasos firmes a nuestra fe.

Una manera sencilla de conocer más sobre las promesas de Dios es a través de la Biblia, puedes usar una versión electrónica si lo prefieres. Yo soy una fiel usuaria de Pinterest porque soy muy visual, además, puedes salvar las fotos en tu celular o crear un tablero con tus promesas favoritas.

Tu imaginación es un regalo de Dios. Armonízala con su verdad, con su amor, con sus promesas.

Nuestra fe pinta sonrisas en el corazón de Jesús.

“En vista de todo esto, esfuércense al máximo por responder a las promesas de Dios…”– 2 Pedro 1:5 (NTV)

Amor y Gracia,

Sandy



viernes, enero 24, 2020

LA GRACIA DE SOLTAR Y RECIBIR



“Gracia es el amor que se preocupa, se inclina y rescata". 

- John Stott



¿Qué quieres que haga por ti?

Imagínate a Jesús a tu lado, esperando una respuesta de tu parte.

¿Qué le dirías? ¿Cuál fuera tu reacción? ¿Te refugiaras en la seguridad de su abrazo? ¿Te perdieras en la aprobación de su mirada?

Aunque estemos conscientes o no, diariamente Jesús nos invita a acercarnos con confianza a su trono de gracia para abrazarnos con su favor en nuestro momento de mayor necesidad.

Pero, muchas veces, validamos más las voces del temor, la culpa y la duda, quedando atrapadas en las garras de una vergüenza vestida de humildad —seguras del poder de Dios y de su amor, pero no de que se puedan hacer realidad en nuestras vidas.

¡Mentira, y mil veces mentira!


La gracia de Dios nos abraza en el momento que menos la merecemos, pero cuando más la necesitamos.



La gracia de Dios no está reservada para los perfectos y obedientes, sino para aquellos que encajan bajo la categoría de insensato, débil, bajo y despreciado. Los que sabemos que hasta para obedecer necesitamos el favor de Dios.

En la medida que rendimos nuestras armas —nuestra mentalidad de querer ganar la aceptación de Dios en nuestras propias fuerzas y nos dejamos amar por Él en medio de nuestros dilemas y cuestionamientos, encontramos la esencia de la verdadera libertad en el aplauso de un Jesús misericordioso, paciente, comprensivo y amoroso.

¿Qué quieres que haga por ti?

Suelta tus temores. Refúgiate en su amor, ahí el temor no tiene acceso a ti.

Suelta la necesidad de querer ganar su aprobación en tus propias fuerzas. Recibe su favor inmerecido sin cuestionamientos.

Suelta los recuerdos dolorosos de tus malas decisiones. Recibe su perdón absoluto. Perdónate a ti misma por no saber lo que ahora sabes. Acepta tus fracasos como semillas de sabiduría y crecimiento.

Suelta tu imperfección. Recibe su aprobación. Su poder se perfecciona en tus áreas de mayor vulnerabilidad.

Se necesita humildad para recibir lo que sabemos que no merecemos; fe, para abrazar la magnitud de la gracia otorgada; gratitud, para apreciarla y misericordia para compartirla con otros.

Jesús sale a tu encuentro para amarte y restaurarte, no para condenarte.

“Así que acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia de nuestro Dios. Allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más la necesitemos”.  – Hebreos 4:16 (NTV)

Amor y gracia,

Sandy