viernes, septiembre 18, 2020

SALTITOS DE FE


“Encuentro a Dios en la esquina de la esperanza y la gracia; justo entre una roca y un lugar difícil”. – Zig Ziglar

 

 

¿Qué quieres que haga por ti?


Imagínate a Jesús a tu lado, esperando una respuesta de tu parte.

¿Qué le dirías? ¿Cuál fuera tu reacción? ¿Te refugiaras en la seguridad de su abrazo? ¿Te perdieras en la aprobación de su mirada?

Aunque estemos conscientes o no, diariamente Jesús nos invita a acercarnos con confianza. Sale a nuestro encuentro para abrazarnos y escucharnos en nuestro momento de mayor necesidad.

Para secar nuestras lágrimas,

escuchar nuestros dilemas,

o simplemente leer la elocuencia de nuestro silencio.

Pero, muchas veces le damos rienda suelta a nuestros pensamientos, y terminamos atrapadas en un mar de razonamientos y dudas —seguras del poder de Dios, de sus promesas, pero no de que se puedan hacer realidad en nuestras vidas.


¿Qué quieres que haga por ti?


Mira como Jesús te regala su mejor sonrisa.

Su mirada te desarma; con su amor derrite tus preocupaciones.

Con frecuencia, nuestros razonamientos tienen argumentos tan válidos que se nos dificulta ver el fruto de nuestra fe.

 No te desesperes. Recuerda que la fe no se siente. Es la decisión de creer en lo que Dios dijo que hará.

Es poner nuestra mirada en Jesús por encima de la fragilidad de nuestras circunstancias.

Bailar en medio de la tormenta.

Sonreír por adelantado.

Esperar con nuestra mejor actitud. Seguras de que Jesús nos está preparando para tomar posesión de lo que él ha preparado para nosotras.


“El camino de la fe es una invitación constante a aguas profundas”. – Becky Eldredge

 

¿Qué quieres que haga por ti?


No hay condenación en su tono de voz. No hay exigencias, no hay reproches.

Eres libre de soltar la carga de tu mente y corazón.

Eres libre de ofrendar tus temores y limitaciones.

Eres libre de creer en el milagro que Dios ha sembrado en tu corazón.

Eres libre de recibir lo que Dios te ha prometido.

Recuerda: no necesitas permiso de tus sentimientos para saltar a los brazos de Jesús. Al final, no tendrán más remedio de alinearse a tus pasos de fe.


“Pero benditos son los que confían en el Señor y han hecho que el Señor sea su esperanza y confianza. Son como árboles plantados junto a la ribera de un río con raíces que se hunden en las aguas. A esos árboles no les afecta el calor ni temen los largos meses de sequía. Sus hojas están siempre verdes y nunca dejan de producir fruto”.

– Jeremías 17:7-8 (NTV)


Amor y gracia,


Sandy


 

viernes, septiembre 11, 2020

MENOS OCUPADA, MÁS FELIZ.

 


El descanso, la tranquilidad y la confianza se aprenden y perfeccionan en el regazo de Jesús.

 


Desde niñas nos enseñan a ser buenas con los demás, pero a veces no nos enseñan a ser buenas con nosotras mismas.

Nos enseñan a perdonar, pero no a recibir perdón.

A ser serviciales, pero no a establecer límites.

A ser fuertes, pero no a ver nuestra vulnerabilidad y sensibilidad como una forma genuina de fortaleza.

Nos hablan de la humildad como si se tratara de minimizarnos y ser alfombra de los demás.

Nos dicen una y otra vez que es mejor dar que recibir; y aunque estoy de acuerdo con la satisfacción y riqueza espiritual que esto representa, no es menos cierto que cuando se trata de nuestra estabilidad mental y emocional, debemos aprender a recibir primero.

Una agenda constantemente ocupada, una mente agotada y unas emociones despeinadas, nos indican que debemos bajar la velocidad, reestructurar nuestras prioridades y ser buenas con nosotras mismas. 

Es de sabios respetar el agotamiento físico.

Es permitido no estar disponible todo el tiempo.

El lugar perfecto para nuestro reposo se encuentra en compañía de Jesús.


Jesús nos invita a dialogar sin necesidad de usar palabras rebuscadas, sino con la simpleza y humildad de un corazón sediento, dispuesto a recibir.

 

¿De qué vale tanta productividad si terminamos con más agotamiento que satisfacción?

¿De qué sirven los aplausos y halagos si emocionalmente estamos sedientas?

Yo creo que Jesús nos quiere menos ocupadas y más felices.

Conscientes de su aprobación.

Reposadas en su amor.

Seguras en su gracia.

“Esto dice el Señor Soberano, el Santo de Israel: «Ustedes se salvarán solo si regresan a mí y descansan en mí. En la tranquilidad y en la confianza está su fortaleza; pero no quisieron saber nada de esto”. – Isaías 30:15 (NTV)


Amor y gracia,


Sandy


viernes, septiembre 04, 2020

LA BELLEZA DE MIS CENIZAS



Si pretendiéramos menos y abrazáramos más nuestra imperfección, fuéramos conscientes de la lluvia de gracia que Jesús nos ofrece cada día.

 

 

Todos estamos rotos…

Todos tenemos capítulos en nuestra historia que preferimos leer en voz baja.

Heridas que han tardado más de lo esperado en cicatrizar.

Sueños guardados en un cajón que nunca se hicieron realidad.

Luchas internas que preferimos cargar en silencio, por temor al rechazo o por lo complicado de tratar de explicarlo con palabras.

Temores, fracasos, donde en un mundo de Instagram y Facebook, nuestra percepción equivocada de la vida de los demás podría hacernos sentir que todos están en su mejor momento, menos nosotras.

¡Claro! y es que rara vez se comparten fotos espontáneas, como las del álbum familiar que guardamos de décadas anteriores, todo por un “like” o “followers”.

Hemos hecho del perfeccionismo un estándar, aunque internamente nos consumimos en nuestra incapacidad de lograr sus absurdas exigencias. A veces, nos sentimos estancadas, otras veces, incapaces, incomprendidas o simplemente solas.

El perfeccionismo es una fábula. El único perfecto es Dios, y siendo Dios,  no nos exige perfección, sino que nos invita a abrazar nuestra vulnerabilidad y debilidad, porque es precisamente a través de ellas donde su poder se hace fuerte en nosotras.


Cuando dejamos de pretender, cuando abrazamos nuestro dolor y le entregamos cada pieza quebrada a Jesús, entonces comienza el hermoso proceso llamado sanidad.

 

Hay heridas tan profundas en nuestro interior, que solo las manos sanadoras de Jesús pueden restaurar como si nunca hubieran existido.

Jesús entiende la complejidad de la situación, por eso nos tiene mucha paciencia. Camina al paso que podemos andar.

Trata los rinconcitos afligidos de nuestra mente y corazón con alto respeto y cuidado.

En medio de una de las tantas intervenciones divinas que Jesús ha hecho en mí, escuché por primera vez las letras de la canción “Flor Pálida”, de Marc Anthony. Fue literalmente un telegrama celestial.

No es una canción cristiana, pero cuando Dios quiere llamar nuestra atención sus recursos son ilimitados. Te invito a escucharla y a degustarla como una serenata de amor y sanidad.  (Escúchala Aquí)

Jesús consuela nuestro corazón quebrantado, nos viste de traje de fiesta, nos corona de belleza y plenitud.

Porque es precisamente en nuestros momentos más difíciles donde conocemos a Jesús como jamás hubiéramos imaginado.

¡Qué tus cicatrices cuenten la historia de gracia con la que Jesús te coronó!

“El Señor oye a los suyos cuando claman a él por ayuda; los rescata de todas sus dificultades. El Señor está cerca de los que tienen quebrantado el corazón; él rescata a los de espíritu destrozado”. – Salmo 34:17-18 (NTV)

Amor y gracia,

Sandy

 

jueves, agosto 27, 2020

CUANDO MIS EMOCIONES NO COOPERAN


“Que tu dolor te haga caer de rodillas, porque allí encontrarás tu mayor fortaleza”.

– Sheila Walsh

 

 

Un día gris tocó a mi ventana, “solo vengo de pasada, permíteme alojarme en tu corazón”, me dijo con aroma a honestidad.

Su visita me tomó por sorpresa y antes de articular palabra alguna me abrazó con efusividad, dándome las gracias por mi hospitalidad.

Llenó mi espacio con su pesado equipaje; en menos de un suspiro extravié mi gozo, mi esperanza se escondió debajo de la cama, mi confianza salió despavorida por el corredor.

¿Por qué me siento así?, me cuestioné una y otra vez

Mis pensamientos se desplazaban agresivamente como soldados de guerra medieval, alborotando mis emociones, haciéndome sentir sola, fracasada, incomprendida, abandonada por Dios.

Pero, justo en medio del caos que ocurría en mi interior recordé que no era la primera vez que esto me ocurría, y a juzgar por la vida, probablemente tampoco sea la última.

Recordé los episodios amargos que han moldeado mi vida —la mano de Dios que aun en mis momentos de mayor rebeldía y sordera espiritual me han abrazado con amor y misericordia; la tenacidad desarrollada a través de mis pequeñas semillas de fe en aquel que con su palabra creo las profundidades del universo y diseñó cada detalle de mi propósito y destino en él.

Poco a poco algo en mi comenzó a sentirse diferente. No pasó de un momento a otro, de hecho, me parece que esta visita se extendió más de lo previsto, pero en la medida que dejé de resistirme a la realidad de lo que me pasaba encontré la libertad para ofrendar mi dolor a Jesús.

En su regazo aprendí que no todas las tormentas de la vida llegan a desestabilizar, aunque se sientan como tal. Muchas otras llegan a crear la plataforma para que la gracia de Dios sea revelada y manifestada en nuestras vidas.


No hay nada tan feo en la historia de nuestra vida que Dios no pueda usar para su gloria y para nuestro beneficio.

 

Amiga, los días grises también forman parte del paisaje, como canta Ricardo Arjona. Pueden ser oportunidades de rasgar nuestras vestiduras delante de Dios en transparencia, humidad y total vulnerabilidad.

¿Qué hacemos cuando un día gris toca a la puerta de nuestro corazón?

¿Qué hacemos cuando nuestras emociones no cooperan?

No soy experta en la materia, pero si puedo compartir contigo mi experiencia con Dios a través de mi imperfección y pisadas temblorosas de fe.

No niegues tus sentimientos ni tus emociones despeinadas, más bien, ofréndalas en una oración simple y real. Una conversación que exprese abiertamente el tsunami que llevas en tu corazón. Algo como…

Jesús, hoy me siento muy triste y confundida. Tú más que nadie conoces la guerra que llevo en mi interior. Ofrendo mis lágrimas, mis temores, mis inseguridades, mis ansiedades. Permíteme ver más allá de mis sentimientos. Permíteme verte a ti y descansar en tu amor por mí. Amén

Él entiende, él escucha, él sostiene, él transforma.

“No permitirá que tu pie resbale; jamás duerme el que te cuida”. – Salmo 121:3 (NVI)

Amor y Gracia,

Sandy




 

viernes, agosto 21, 2020

TRANQUILA... LOS ZIGZAGS SON PARTE DEL CAMINO.

 


“La fe no es una epidural. Es una partera que se para a mi lado diciendo: “¡Puja!”. Se supone que duela”. – Brené Brown

 

 

Caminar en fe es andar en vía contraria al razonamiento humano. Es tomar la decisión de creerle a Dios, aunque nuestros pensamientos y emociones tengan los argumentos perfectos para contradecirlo.

 

Se vale llorar.

Se vale sentir lo que sientes.

Se vale admitir el tamaño de la montaña.

Se vale rendirse, pero solo a los pies de Jesús.

 

Ahí nuestras lágrimas son atesoradas,

nuestras emociones respetadas,

nuestras heridas tratadas con dignidad.

 

Y en esa lucha interna donde la duda y la vulnerabilidad hacen todo lo posible por apagar la llama de nuestra debilitada fe, el poder de su amor entra en acción. calmando todos nuestros temores, haciéndose fuerte en nuestra debilidad.


Puede que sientas que no pasa nada, pero Jesús sí está obrando a tu favor.

Abraza esta verdad con gratitud y humildad.

¿Estás dispuesta a creer antes de ver?

Puedes sentirte sola, pero no lo estás.


Jesús está contigo. Su mano soberana te abraza, te cuida y abre un camino seguro en medio de lo imposible.


Se vale saltar a los brazos de Jesús con más preguntas que respuestas.

Se vale sentir temor al mismo tiempo que nos movemos en fe.

Aquí no importa la velocidad, sino la dirección.


Amiga, nuestras expectativas siempre deben estar al nivel de la soberanía y el amor de Dios, no al nivel de nuestras dudas y limitaciones humanas.


Dios lo dijo. Dios lo cumple.

Dios lo prometió. Dios lo hará.


Todo en la vida es variable, pero la palabra de Dios permanece para siempre. Podemos construir nuestra vida en esta maravillosa seguridad.

¿Estás dispuesta a creer antes de ver?

 “El Señor es mi roca, mi fortaleza y mi salvador; mi Dios es mi roca, en quien encuentro protección. Él es mi escudo, el poder que me salva y mi lugar seguro”.

– Salmo 18:2 (NTV)

Amor y gracia,

Sandy


viernes, agosto 14, 2020

UN PASITO HOY, OTRO MAÑANA

 


Dios me ha dado la habilidad de elegir mi dialogo interno. De su mano, con su ayuda, con paciencia.

 


Me tocó crecer en una sociedad muy machista, donde el acoso era visto hasta cierto punto cultural. Menos mal que las cosas han cambiado. Eso espero.

Era muy común caminar por la calle y escuchar a un desubicado, a metros de distancia, muchas veces hasta del otro lado de la calle, tratando de llamar tu atención, vociferando piropos feos y fuera de lugar. ¡Qué desagradable!

Desde niñas aprendimos a hacerle resistencia a esa falta de respeto. Las instrucciones en casa eran más o menos así: no le hagas caso, sigue caminando segura y con cara seria.

Recuerdo vivamente caminar por el centro de la ciudad, tomada de la mano de mi mamá; mientras mis ojos vagaban en las vitrinas de las tiendas, ella apretaba un poquito más fuerte mi mano y me decía entre dientes: no le hagas caso. Yo sabía lo que venía, probablemente un grupito de hombres gritando disparates, pero no temía, porque ella estaba conmigo.

No sé, pero a mí me parece que muchas veces nuestros pensamientos tienen un gran parecido con esos hombres machistas que gritan groserías. Me explico:

Llegan sin avisar, dan su opinión sin que nadie se la pida y son bullosos. Es más, hay algunos que están equipados con surround system.

Una constante cantaleta que drena, asfixia y roba la paz.

¿Qué tipo de pensamientos ocupan tu cartelera mental estos días?

La respuesta a esta pregunta nos ayuda a comprender mejor los sentimientos y emociones que se cocinan en nuestro interior.


No todo lo que vuela sobre mi cabeza está obligado a aterrizar en ella. No todo lo que siento me debe controlar.

 

Puedo sentir miedo, más no permitir que el miedo me controle.

Mi vulnerabilidad no anula la fidelidad de Dios sobre mi vida.

Con frecuencia, nuestros sentimientos son más escandalosos que nuestra fe. Creo que no bebemos culparnos por ello. En cambio, constantemente debemos tomar la decisión de alinear nuestra perspectiva a la de Dios.

Un pasito a la vez…

Una promesa a la vez…

Un libro a la vez…

Una charla a la vez…

Habrá días mejores que otros.

La renovación de nuestros pensamientos no es una victoria de un día. Es una decisión diaria, y no necesariamente la más placentera.

Pero en medio de nuestras luchas internas, su susurro de gracia nos eleva a una  consciencia superior, donde podemos descansar nuestra mente y nuestro corazón en el regazo de aquel que nos dice:

“Con mis plumas te cubriré y con mis alas te daré refugio. Mis fieles promesas son tu armadura y protección”. -  Salmo 91:4

Amor y Gracia,

Sandy




viernes, agosto 07, 2020

LA GRACIA DE SOLTAR Y RECIBIR

“Derrite tu corazón recordando la gracia”.

 

– Timothy Keller

 


¿Qué quieres que haga por ti?

Imagínate a Jesús a tu lado esperando una respuesta de tu parte.

¿Qué le dirías? ¿Cuál fuera tu reacción? ¿Te refugiaras en la seguridad de su abrazo? ¿Te perdieras en la aprobación de su mirada?

Aunque estemos conscientes o no, diariamente Jesús nos invita a acercarnos con confianza a su trono de gracia para abrazarnos con su favor en nuestro momento de mayor necesidad.

Pero, muchas veces validamos más las voces del temor, la culpa y la duda, quedando atrapadas en las garras de una vergüenza vestida de humildad —seguras del poder de Dios y de su amor, pero no de que se puedan hacer realidad en nuestras vidas.

¡Mentira, y mil veces mentira!


La gracia de Dios nos abraza en el momento que menos la merecemos, pero cuando más la necesitamos.

 

La gracia de Dios no está reservada para los perfectos y obedientes, sino para aquellos que encajan bajo la categoría de insensato, débil, bajo y despreciado. Los que sabemos que hasta para obedecer necesitamos el favor de Dios.

En la medida que rendimos nuestras armas —nuestra mentalidad de querer ganar la aceptación de Dios en nuestras propias fuerzas, y nos dejamos amar por Él en medio de nuestros dilemas y cuestionamientos, encontramos la esencia de la verdadera libertad en el aplauso de un Jesús misericordioso, paciente, comprensivo y amoroso.

¿Qué quieres que haga por ti?

Suelta tus temores. Refúgiate en su amor. Ahí el temor no tiene acceso a ti.

Suelta la necesidad de querer ganar su aprobación en tus propias fuerzas. Recibe su favor inmerecido sin cuestionamientos.

Suelta los recuerdos dolorosos de tus malas decisiones. Recibe su perdón absoluto. Perdónate a ti misma por no saber lo que ahora sabes. Acepta tus fracasos como semillas de sabiduría y crecimiento.

Suelta tu imperfección. Recibe su aprobación. Su poder se perfecciona en tus áreas de mayor vulnerabilidad.

Se necesita humildad para recibir lo que sabemos que no merecemos; fe, para abrazar la magnitud de la gracia otorgada; gratitud, para apreciarla y misericordia para compartirla con otros.

Jesús sale a tu encuentro para amarte y restaurarte, no para condenarte.

¿Qué quieres que haga por ti?

“Así que acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia de nuestro Dios. Allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más la necesitemos”.  – Hebreos 4:16 (NTV)


Amor y gracia,


Sandy



viernes, julio 31, 2020

AMADA



Una cosa es saber que Dios nos ama y otra muy distinta creer que Dios me ama a mí.

 

Y es que desde niñas a muchas nos tocó escuchar algunos adultos decir cosas como:

Mira, pórtate bien, que a Papá Dios no le gustan los niños malcriados.

No hagas eso, Papá Dios te está mirando.

Papá Dios está triste porque la niña se está portando mal.

Obviamente, nos decían esto sin malicia alguna, pero cuando se crece en una sociedad donde se habla más de las cosas que a Dios no le gustan, que de la magnitud de su amor y misericordia, adoptamos patrones de creencias equivocados y dolorosos.

Muchos corazones heridos.

Muchos corazones hambrientos de tener un encuentro orgánico con Jesús,

Muchos corazones que se debaten entre la opinión de un Dios inflexible y apático, y el anhelo de un Dios amoroso, misericordioso y lleno de gracia.

 

¿Sabías que Jesús está más interesado en tu corazón que en modificar tu conducta?

 

Cuántas veces creemos conocer a alguien en base a la opinión de terceros, y después cambiamos de opinión y decimos: “Yo pensaba que fulano era pesado, pero es muy simpático y agradable”.

De igual manera, Jesús quiere que lo conozcamos por experiencia y no por referencia, y más si esa referencia no representa su carácter y esencia.

Si condena, no es Jesús.

Si te hace sentir indigna, no es Jesús.

Si te avergüenza, no es Jesús.

Desde antes de nacer conocía nuestras culpas y fracasos. Desde el vientre de nuestra madre su gracia bordó en el lienzo de su corazón nuestro rescate.

En sus manos nuestras heridas más profundas son tratadas con respeto y dignidad.

En su presencia no necesitamos pretender algo que no somos. Podemos acercarnos libremente sin temor al rechazo.

Bajo la bandera de su amor sanamos, crecemos y somos transformadas.

Poco a poco.

Un día a la vez.

Una promesa a la vez.

Porque cada pasito de fe cuenta.

Porque cuando nos sabemos amadas no hay nada ni nadie que impida que disfrutemos de las bendiciones que Dios ha reservado para cada una de nosotras.

Recuerda: La gracia y el amor de Dios superan cualquier experiencia dolorosa en tu vida.

“Aun si nos sentimos culpables, Dios es superior a nuestros sentimientos y él lo sabe todo. Queridos amigos, si no nos sentimos culpables, podemos acercarnos a Dios con plena confianza”. – 1 Juan 3:20-21 (NTV)

Amor y Gracia,
Sandy


viernes, julio 24, 2020

CUANDO ME TOMO UN CAFÉ CON JESÚS



La voz de Dios no trae confusión. Nos invita a confiar y a descansar.

 


Hablar con Jesús pone todo lo demás en la perspectiva correcta.

Qué rico se siente hablar con una buena amiga, no necesariamente para hablar temas de mayor seriedad, pero simplemente comentar la actualidad mientras saboreamos un delicioso café.

Esos momenticos son mágicos, y yo los extraño con locura. Me imagino que tú también. Todas estamos en la misma tómbola.

En una ocasión invité a mi amiga Lila a tomar café. La tenía mareada hablándole de un lugarcito cerca de mi casa donde preparan un latte para chuparse los dedos. Así que coordinamos una mañana e hicimos realidad el sueño de toda madre con niños en etapa escolar.

Comenzamos tímidamente con nuestra primera ronda de café; por ahí por la cuarta taza se me ocurre mirar el reloj. “Omg! La niña salió del colegio hace diez minutos. ¡Estoy tarde!” –Grité entre susto y satisfacción. 

Menos mal que estábamos cerca y pude resolver sin mayor complicación.

El tiempo parece volar cuando compartimos con gente chévere y querida, ¿cierto?

Si esos momentos tan agradables son posibles en compañía de una amiga, ¿te imaginas compartidos con Jesús? Emoji con cara de asombro.

La amistad es una idea de Dios. Él entiende la importancia de poder expresar nuestras alegrías, nuestros dilemas, nuestras preocupaciones y nuestros silencios.

Pasar tiempo con Jesús jamás debería ser una actividad de una agenda religiosa, sino una necesidad de un alma hambrienta y sedienta que solo encuentra su plenitud en la compañía de su Salvador.


La voz de Dios no condena. Sana, restaura y trae descaso.

Cuando me tomo un café con Jesús me invita a intercambiar la carga de mi abrumado corazón por su paz y reposo.

Puedo desahogarme sin temor al rechazo. Me sostiene con su comprensión y confronta con su verdad los pensamientos que atormentan mi mente.

Cuando me tomo un café con Jesús puedo ver más allá de mis dificultades y obstáculos. Su soberanía me infunde valentía y determinación.

En la seguridad de su presencia puedo vencer gigantes. Él allana el camino delante de mí y me hace bailar al ritmo de sus promesas y aprobación.

Cuando tomo café con Jesús soy protagonista de su amor y bondad. Su favor inmerecido me cubre y consiente. Mi esperanza se renueva, mi fe se fortalece.

Mis imperfecciones son recibidas.

Mis dilemas comprendidos.

Mis temores confrontados.

Mis heridas sanadas.

Mi gozo renovado.

Eso y muchísimas cosas bellas y extraordinarias suceden, cuando ofrendamos nuestro tiempo a Jesús y nos tomamos un cafecito en su compañía.

“Clamé: «¡Me resbalo!», pero tu amor inagotable, oh Señor, me sostuvo. Cuando mi mente se llenó de dudas, tu consuelo renovó mi esperanza y mi alegría”.

– Salmo 94:18-19 (NTV)

Amor y gracia,

Sandy


viernes, julio 17, 2020

TEMBLOROSOS PASITOS DE FE



 

“El Lugar secreto del Altísimo es estar en Cristo, el escondite más seguro”.

– Joseph Prince

 

Exhala.

Esa palabra captó mi atención mientras mi dedo índice se movía con rapidez pegado a la pantalla de mi celular.

¿Exhala? Así que me detuve y leí el resto del mensaje compartido en la cuenta de Facebook de Propel Women: “Tal vez ni siquiera te has dado cuenta de que estás aguantando la respiración… pero Dios te invita a exhalar”.

En ese momento me di cuenta de que por días había estado contrayendo los músculos de mi abdomen inconscientemente —respiré, exhalé y dos lágrimas corrieron por mis mejillas—. Sin darme cuenta, mi cuerpo estaba reaccionando al estrés y a la incertidumbre que todos estamos viviendo con esta bendita pandemia.

Y mientras acepté la invitación a respirar, ofrendé mi vulnerabilidad a Jesús. Él no nos exige perfección. Él entiende nuestra fragilidad.

Cuando salto a sus brazos y reconozco que, a pesar de mis temblorosos pasitos de fe, es él quien pelea mis batallas, es su poder que se hace fuerte en mi debilidad.


Un corazón confuso que corre a los brazos de Jesús siempre encuentra comprensión y reposo.
 

Caminar en fe no es pretender fortaleza negando nuestras circunstancias y sentimientos, sino aceptar nuestros sentimientos sin que estos nos controlen, conscientes de que Dios nos ama, nos entiende, nos cuida y gana todas las batallas. ¿Amén? ¡Amén!

Así que vamos a respirar, vamos a descansar en el regazo de Jesús y vamos a ser receptivas a su voz de amor y comprensión.

 Jesús nos invita a refugiarnos en su amor, el lugar secreto donde crecemos, florecemos y descansamos.

“¡El Señor mismo te cuida! El Señor está a tu lado como tu sombra protectora”.

 – Salmo 121:5 (NTV)

Amor y Gracia,

Sandy