viernes, abril 10, 2015

EMOCIONES DESPEINADAS



Foto: Shena Tschofen - Creative Commons






Cuando rehúsas preocuparte y eliges descansar en el trabajo finalizado de Jesús en la cruz, recibes la manifestación de tu bendición. Recibes tu milagro. 


– Joseph Prince



 


Quien no ha sido víctima de la vulnerabilidad de sus emociones en algún punto de su vida, que se auto envíe  un mensaje de texto que diga, “Soy de otro planeta”, con el hashtag: #NiYoMismaMeLoCreo. Se vale sonreir...

Emociones…emociones…emociones… por momentos nos hacen sentir que somos dueñas del mundo y que tenemos todo bajo  control, y  luego nos hacen sentir miserables y sin norte en la vida.

Todo puede estar marchando sobre ruedas, pero un simple comentario o pensamiento fuera de lugar crea un tsunami de sentimientos que nos amarga el día, nos alimenta de pesimismo y nos viste de desánimo, temor y mal humor.


¿Alguna vez has sido protagonista de las siguientes expresiones?


    ¡No me soporto!

    ¡Quiero un boleto de ida a la luna!

    Me siento ansiosa... temerosa y con ganas de llorar.

    Siento una tristeza y no puedo explicar con claridad la razón.

    A veces siento que soy un fracaso.

    Me siento estancada.

    Siento que nadie me entiende.

Nuestras emociones son una radiografía casi exacta de nuestras conversaciones y nuestros pensamientos, por eso debemos ser muy cautelosas con lo que dejamos entrar en nuestras vidas. 


La voz que ocupa el hit parade de tus pensamientos determina la calidad de las emociones que experimentas.

 


Es importante recordar que las emociones son un regalo de Dios, sin ellas fuéramos puros androides aburridos y secos.  Dios quiere relacionarse con nosotras, que experimentemos su paz, su gozo e incluso la tristeza, de manera saludable y equilibrada. Por eso nos equipó con  dominio propio, para que no vivamos como  yo-yos —a la merced de nuestro estado de ánimo—,  sino en control de nuestros sentimientos.

No podemos prevenir que los pensamientos negativos vuelen sobre nuestra cabeza, pero sí que aterricen en nuestro corazón y se conviertan en emociones tóxicas que nos controlen.

El antídoto perfecto para contrarrestar esos días donde nuestras emociones amanecen despeinadas, es sintonizarnos en la frecuencia de Dios. Donde su opinión es nuestra opinión, su palabra nuestra autoridad final y sus promesas nuestro alimento, independientemente de nuestro estado de ánimo —eventualmente nuestras emociones terminarán alineándose a nuestra fe y a nuestra decisión de creerle a Dios.

Obviamente, esto no ocurre de un día para otro, es una decisión que con disciplina y perseverancia nos llevará a un final feliz. La palabra de Dios siempre nos lleva a puerto seguro.


Me sacó del foso de desesperación, del lodo y del fango. Puso mis pies sobre suelo firme y a medida que yo caminaba, me estabilizó.


 

Salmo 40:2 (NTV)

 


Amiga, todas tenemos momentos donde somos tentadas a rendirnos ante la vulnerabilidad de nuestras emociones, pero esa es una trampa del enemigo para mantenernos atrapadas y no poder experimentar la libertad que Jesús pagó por nuestro rescate. 

No esperes sentirte de tal o cual manera para disfrutar de tu libertad. En la medida que sigas caminando hacia Jesús, creyendo en su palabra y en su plan para tu vida, esas emociones tóxicas no tendrán más remedio que sujetarse y debilitarse.


Fortalezcan las manos débiles. Afirmen las rodillas temblorosas, digan a los de corazón temeroso: “Sean fuertes, no tengan miedo. Si, Dios vendrá con venganza; con retribución divina vendrá a salvarlos.”


 

Isaías 35:4-5

 



Feliz Semana,

Sandy