viernes, octubre 30, 2015

EL DÚO DINÁMICO








El tamaño de la montaña importa poco cuando quien va a tu lado tiene el poder y la autoridad de quitarla del camino.







Aunque para ella era un sábado como cualquier otro, para Dios era un día muy especial, un día de grandes sorpresas y celebración.

Con mucha dificultad se bañó, se vistió y mirándose al espejo suspiró. Tibias lágrimas rodaron por sus mejillas y aunque no dijo una sola palabra la elocuencia de su corazón fue escuchada atentamente por su creador.

Sus heridas eran tan profundas, su dolor tan vergonzoso, sus cadenas tan pesadas que estaba condenada a caminar encorvada—por dieciocho años esa ha sido su realidad—. Su anhelo de ser libre la llevó por caminos que agravaron más su condición, abortando cualquier rayito de esperanza que le permita soñar con un nuevo comienzo.

Ya sentada en la congregación, mirando al suelo, escuchaba las voces de aquellos que de frente se compadecían de ella, pero a su espalda la condenaban, criticaban y se burlaban.Estaba emocionalmente gastada y espiritualmente a punto de darse por vencida. 

Aparentaba ser un sábado como cualquier otro, pero Dios tenía otros planes. Sin lugar a dudas su debilidad atraía su sobreabundancia.


Tus puntos más bajos son la plataforma usada por Dios para lanzar sus mayores promociones.


 

-Joseph Prince



Había escuchado hablar de Jesús, sabía que había algo diferente en Él, pero estaba segura de que era casi  imposible que la tomara cuenta en medio de tantas personas. Decía en sus adentros: “Cuanto me gustaría ser libre de mi aflicción.”

¿Habrá algo imposible para Dios? Lo que para muchos era una reunión más en la sinagoga para Jesús era una cita divina. Él había orquestado todo para vestirla de justicia, honra y dignidad.

Contra toda incredulidad, expectativa y protocolo, Jesús hizo CUATRO cosas que dejaron a sus mayores críticos echando chispas y a esta mujer bailando en la punta del pie de alegría y celebración:


JESÚS LA VIO

JESÚS LA LLAMÓ

JESÚS LE HABLÓ

JESÚS LA TOCÓ


Jesús no vino a aplaudir la perfección, sino a amar, levantar y bendecir al caído.

 


Jesús la vio, la llamó y le dijo: ¡Mujer, quedas libre de tu enfermedad”, puso sus manos sobre ella, y en ese mismo instante la mujer se enderezó y comenzó a alabar a Dios!


¡Que felicidad tan grande!

Es precisamente en nuestra dependencia, en nuestra rendición, en nuestra debilidad e incapacidad de hacer las cosas en nuestras propias fuerzas donde su poder y plenitud se manifiestan y perfeccionan en cada una nosotras.

No estás sola, tus oraciones son escuchadas, tus lágrimas son tomadas en cuenta. El secreto está en descansar en Jesús y dejar que sea Él quien vende tus heridas. 

Cuando su poder entra en contacto con nuestra necesidad su Amor y Gracia  soplan vientos de restauración y restitución.


“Apreciada mujer, ¡estás sanada de tu enfermedad!”


 

-Jesús (Lucas 13:12 NTV)



Recuerda: Tu insuficiencia es suficiente en las manos de Dios



Feliz Semana,

Sandy