sábado, abril 23, 2016

EMOCIONES DESPEINADAS










 La voz que ocupa el hit parade de mis pensamientos determina la calidad de emociones que experimento.









Quien presume que nunca ha sido víctima de sus emociones en algún punto de su vida, que se auto envíe un mensaje que diga: “Soy de otro planeta”, con el hashtag #NiYoMismaMeLoCreo.

Emociones…emociones… ¡emociones! Por momentos nos hacen sentir que somos dueñas del mundo, que tenemos todo bajo control, para luego romper nuestra burbuja y hacernos sentir confundidas, temerosas y sin norte en la vida.

Todo puede estar marchando sobre ruedas, pero un simple comentario o un pensamiento no grato crean un tsunami de sentimientos con el potencial de robarnos la  paz, amargarnos el día y desenfocarnos por completo…. ¡Ay, qué sensación más horrible! Lo importante es recordar que a todas nos pasa y que Dios está más que dispuesto a extendernos su ayuda,  su comprensión y  su dirección.


Las palabras producen pensamientos. Los pensamientos producen sentimientos. Los sentimientos producen emociones. Las emociones producen decisiones. Las decisiones producen acciones. Las acciones producen hábitos. Los hábitos producen carácter. Carácter produce destino.


-Dr. Creflo Dollar

 


Nuestras emociones son un regalo de Dios, sin ellas fuéramos androides aburridos e insípidos, pero con ese regalo también vino  un dispositivo llamado dominio propio, que nos permite estar en control de nuestra vulnerabilidad y no lo contrario.

El antídoto perfecto para contrarrestar esos días donde nuestras emociones amanecen despeinadas podría ser contrario a nuestro razonamiento, pero su efectividad es indiscutible: Sintonizarnos en la frecuencia de Dios, donde su opinión es nuestra opinión, su palabra es nuestra autoridad soberana, sus promesas nuestro alimento y su amor nuestro lugar de reposo.

Ok. Me explico: como nuestras emociones tienden  a ser  un reflejo de lo que dejamos aterrizar en nuestra mente, hacemos de la opinión de Dios nuestra torre de control —lo que se alinee a su verdad tiene entrada, lo que no, se manda a freír buñuelos.


Destruimos argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevamos cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo.


2 Corintios 10:5 (NVI)

 


Creerle a Dios es un acto de fe, disciplina y perseverancia, y lamentablemente a nuestros sentimientos les cuesta un montón agarrar el ritmo. ¡No te desanimes! No necesitamos la aprobación de nuestro estado de ánimo para caminar en victoria.

En la medida que meditemos, pensemos, reflexionemos en las promesas de Dios, en nuestra identidad en Él, en lo amadas, justificadas, redimidas aceptadas, valoradas que somos ante sus ojos, comenzaremos a caminar por fe y no en el yo-yo de nuestros sentimientos.

Cuando hacemos esto Dios nos compara con árboles plantados junto a la orilla de un rio, que siempre dan su fruto en su tiempo. Sus hojas no se marchitan y prosperan en todo lo que hacen.

¡Guao! Impresionante el impacto que tiene en nosotras la decisión de confiar en Dios. No siempre es lo más fácil, pero sí lo más efectivo.

Con Jesús a nuestro lado no hay obstáculo que impida nuestra victoria.


¡Feliz Semana!

Sandy