sábado, junio 04, 2016

CONFESIONES DE UN CORAZÓN EN TRANSICIÓN







 Mi victoria es visible a mi espíritu cuando mis expectativas están en Dios, no en mis experiencias, emociones o circunstancias.






¿Alguna vez te ha molestado que te digan “no te preocupes, todo va a estar bien”?

No pongo en duda que estas palabras regularmente son dichas con la mejor intención del mundo, pero francamente hay momentos que caen como vinagre en la llaga — ¿Cómo que no me preocupe? ¿Cómo voy a estar tranquila? ¿Cómo sabes que todo va a salir bien? ¿Cómo le traduzco a mis emociones ese mensaje tan frívolo y superficial cuando mi mundo está de cabeza?

Todos tenían la cita bíblica perfecta, el ejemplo perfecto, el consejo perfecto, y hasta la canción perfecta. Por un instante llegué a pensar que tenían el plan de Dios para mi vida totalmente decodificado. El único problema era que yo estaba más perdida que el hijo de Lindbergh y nadie parecía entenderlo. Luego comprendí que era parte del plan—no de ellos, sino de Dios.



En el proceso de sanidad emocional existen cirugías a corazón abierto que Dios se guarda el derecho de hacerlas solo.



Y así comenzó mi viaje, emocionalmente abatida por la duda, el desánimo, la desesperanza y el temor. Sabía que Jesús me entendía a la perfección, pero Él parecía no hacer nada para mejorar la revolución que pasaba en mi interior…bueno, por lo menos así me sentía en ese momento—como siempre, mis sentimientos en vía contraria a la realidad.

Poco a poco fue ganando terreno en mi corazón con su amor, paciencia,  ternura, y misericordia. Nunca me exigió ir a un paso mayor que mi capacidad de recibir su ayuda, al contrario, el único equipaje que me permitía llevar era el que hacia mi caminar ligero,  llenaba de paz mi alma y daba sentido a cada pisada, principalmente en frente de mis gigantes.



Pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de Dios, porque él cuida de ustedes.
-1 Pedro 5:7 (NTV)



No es que haya llegado, pero no estoy donde estaba. He aprendido que mi victoria no es un evento ni una experiencia de un día, sino un viaje lleno de aventuras y nuevos retos que se despliega  a medida que le permito a Dios abrazar los rincones más vulnerables de mi alma con su abundante Gracia—Amor y Favor incondicional  de Dios que  sale a mi rescate en mi momento de mayor necesidad cuando menos la merezco.

He aprendido que de la mano de Jesús el desierto tiene su encanto, el desánimo es una oportunidad para vestirme de sus promesas, el miedo se transforma en un león de papel frente a su amor, y mi tierra prometida es cada vez más visible y palpable, porque mi enfoque está en Jesús y su habilidad—lo imposible es su especialidad y amarme es su pasión.



Dios tiene una manera peculiar de reciclar nuestros momentos más amargos y transformarlos en testimonio de su gracia.



No sé en qué parte del viaje te encuentras hoy, pero de una cosa estoy segura: mientras más rápido sueltes el equipaje de tu corazón, dándole acceso a Jesús a las heridas más profundas de tu alma, en esa misma medida recibirás el alivio de la libertad que solo Él puede darte.

No te preocupes, todo va a estar bien. Jesús está contigo.


¡Feliz Semana!

Sandy