sábado, agosto 06, 2016

UN TRAGUITO DE DULZURA






Cuando oro con la certeza de que Dios me escucha con amor, se me hace más fácil desempacar las heridas y las cargas dolorosas de mi corazón ante Él.






¿Qué tan fácil se te hace hablar con Dios?

Hubo un tiempo en mi vida donde orar no era parte de la ecuación; el temor a su rechazo me hizo disparar la llave de mi corazón al lugar de nunca jamás, pero se me olvidó que el GPS de Dios nunca falla… Su amor violó todas mis medidas de seguridad y caí derretidas en el jardín de su gracia.

Bien dice el dicho, “quien anda con cojo al año cojea”, lo mismo ocurre cuando pasamos tiempo con Jesús —nos empiezan a gustar las cosas que a Él le gustan, hablamos como Él, actuamos como Él y comenzamos poco a poco a ver la vida desde su perspectiva.

¿Sabías que a Jesús le encanta pasar tiempo contigo? ¡Sí, Contigo! Le gusta escucharte hablar con sinceridad —sin filtros ni pretensiones, al fin de cuentas Él te conoce más de lo que te conoces a ti misma.

No has organizado bien tus ideas y Él ya sabe lo que vas a decir. Entiende a la perfección el lenguaje de tu silencio y la elocuencia de cada una de tus lágrimas.

Hablar con Dios hace que las cosas cambien, y dejar que Dios te hable hace que tú cambies, te hace fuerte, te hace firme, te llena de valor y determinación.


-Saulo Hidalgo


Muchas veces evadimos pasar tiempo con Jesús por temor a ser rechazadas e incomprendidas; pensamos que nuestras faltas pintan su rostro de dureza y decepción, cuando en realidad su corazón se derrite de amor hacia nosotras. Cual padre que ve a sus hijos al borde del peligro corre a nuestro encuentro para abrazarnos, perdonarnos, bañarnos en su sobreabundante gracia y vestirnos de su justicia.

Pero allí donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia.


-Romanos 5:20


Es en la seguridad de su amor hacia nosotras donde las piezas de nuestro rompecabezas cobran sentido. No hay herida tan profunda, recuerdo tan doloroso, pecado tan vergonzoso, temor tan grande, que no se vea obligado a rendirse ante la presencia de nuestros Salvador Jesús.

Acércate con toda confianza al trono de la gracia, allí encontrarás un manjar para tu alma sin importar la gravedad de tus faltas, ni la complejidad de tus circunstancias, porque redimirte fue su plan, amarte es su delicia y lo imposible su especialidad.

Es en nuestra dependencia  y no en nuestra autosuficiencia donde somos abrazadas por su gracia.

La mesa está servida, el café recién colado. Jesús te espera con una sonrisa en su rostro para abrazarte con su amor, vestirte con su justicia y  premiarte con la paz que tanto anhela tu alma.

Disfruta de su compañía…


Feliz Semana,

Sandy