sábado, mayo 06, 2017

LA BELLEZA DE MI FRAGILIDAD



Mis momentos más bajos son la plataforma usada por Dios para promoverme, restituirme, fortalecerme y derramar su gracia sobre mí.


Muchas veces nos imaginamos la victoria como una experiencia de aplausos y celebración; de música, palabras de afirmación y un derroche de admiración.

Visualizamos a una mujer vestida de guerrera, con botas y una espada ceñida a la cintura; con mirada firme, dispuesta a llevarse por delante cualquier obstáculo que obstruya su camino.

Y aunque esas imágenes despiertan nuestra fuerza interna y nuestro anhelo de algún día encontrarnos en esa posición, lo cierto es, que la verdadera victoria muchas veces no se ve, no se siente y no necesariamente se perfila en ese marco.

Ser valiente no significa dejar de sentir temor. Ser fuerte no anula la vulnerabilidad de nuestras emociones, la necesidad de llorar hasta que la nariz se nos ponga como un bombillo y los ojos como semáforo en rojo.


Es posible ser valiente, fuerte, vulnerable y sensible —todo al mismo tiempo.

 


David derrotó a Goliat con una onda y unas piedrecitas de rio…la mujer que llevaba doce años padeciendo un flujo de sangre, encontró su sanidad tocando por detrás el manto de Jesús… María Magdalena encontró perdón y gracia tirada en el suelo llorando a los pies de Jesús…María, la hermana de Marta, se llevó la mejor parte, olvidándose de todos su quehaceres y preocupaciones mientras disfrutaba de la compañía de Jesús.


Hay dos tipos de victorias: la que todo el mundo ve y aplaude, y la que se logra internamente, en la privacidad de nuestro día a día a los pies de Jesús.

 La que se libra cuando nos sentimos menos que nada, cuando queremos darnos por vencidas, cuando creemos que Dios se puso unos audífonos y unos lentes oscuros para ignorarnos, pero a pesar de todo validamos Sus promesas por encima de todas las voces que compiten en nuestro interior. Cuando la duda y temor hacen todo lo posible por ahogar nuestra fe, pero seguimos creyendo, confiadas a los pies de Jesús.



El hombre tiene limitaciones, pero nosotros tenemos un Dios que es abundantemente ilimitado. – Joseph Prince

 


Ser valiente es sentir temor y seguir reposando en Dios. Ser fuerte es querer tirar la toalla y seguir esperando y creyendo, aunque tus sentimientos viajen en vía contraria a tu fe… porque sí, porque Dios me ama, porque Dios es fiel, porque sus planes superan mis expectativas, porque Dios siempre cumple sus promesas, porque su poder se hace fuerte en mi debilidad.

Cada vez él me dijo: “Mi gracia es todo lo que necesitas; mi poder actúa mejor en la debilidad”. Así que ahora me alegra jactarme de mis debilidades, para que el poder de Cristo pueda actuar a través de mí. – 2 Corintios 12:9

Enfócate en Jesús, habla con Jesús, desahógate con Jesús, cuéntale a Jesús, explícale a Jesús, llora con Jesús, espera en Jesús y verás cómo tus áreas más vulnerables comienzan a florecer.

¡Hay belleza en mi fragilidad!


Amor y gracia

Sandy