sábado, diciembre 02, 2017

¡FLORECE!



Nos maravillamos en la belleza de la mariposa, pero rara vez admitimos los cambios por los cuales tuvo que pasar para lograr tal belleza. – Maya Angelou



En cuestión de vestidos de novia es prácticamente imposible encontrar a la primera el que ajuste a la medida —súper normal probarse diez trajes, y cuando finalmente se encuentra el ganador hay que alterarle hasta la etiqueta para que entalle a la perfección. Un proceso agotador, pero a la vez fascinante y mágico.

En agricultura, el sembrador se asegura de plantar la semilla en tierra fértil y espera pacientemente el día de la cosecha. Así que fielmente riega el campo a la expectativa de una siega próspera y abundante.

El plano espiritual no es la excepción; existe un tiempo de espera que parte desde que decidimos alinearnos con la verdad de las promesas de Dios hasta su cumplimiento en nuestras vidas —una estación de transición, de cambios, de metamorfosis— con sabor a desesperación, a desánimo, a Dios me ha olvidado y a me quedé atorada en este desierto.

Respira profundo, tómate un traguito de café y celebra el hecho de que no eres la única que te has sentido así. 

¡Sin transición no hay transformación!

Confiar en Jesús es celebrar la promesa antes de que esta se haga realidad.

 


Es muy importante diferenciar la manera de cómo me siento de lo que realmente está sucediendo. Cuando mido lo que Dios está haciendo en mí de acuerdo a la vulnerabilidad de mis sentimientos, corro en riesgo de quedarme atrapada en un círculo vicioso de duda y conmiseración —¿Será que sí? ¿Será que no? ¿Será que Dios está enojado conmigo? ¿Será que no hay esperanza para mí?  Y veinte mil argumentos más llenos de temor e inseguridad.

Me encanta como lo dice Christine Caine, en su libro Unashamed: “Cada vez que estoy frente a una nueva puerta— revelada para mí por la misericordia y la gracia de Dios— tengo la opción de quedarme atascada o seguir en movimiento.”

Regularmente creerle a Dios es caminar en vía contraria a nuestros sentimientos y razonamientos. Por eso no debemos basar la efectividad de Sus promesas en nuestro “yo-yo” emocional, sino en la verdad de que Él siempre cumple lo que promete, independientemente de nuestras circunstancias, estado de ánimo y opiniones que otros puedan tener de nuestra situación. 

¡Dios siempre tiene la última palabra!

El tiempo de espera no significa que Dios se ha olvidado de la promesa, sino que me está preparando para ella.

 


Los procesos de transición son el gimnasio de nuestra fe, es el lugar donde recibimos revelación fresca, donde somos plantadas en su gracia y regadas con el poder de su amor.

Jesús no murió en la cruz para que estés ansiosa, deprimida, temerosa, avergonzada y ahogada en la duda. ¡No, y mil veces no! Jesús murió para darte una nueva oportunidad, para vestirte de dignidad y fortaleza, para darte vida en abundancia, para que en Él vivas cada día con propósito y significado. Así que límpiate esas lágrimas y decide validar la opinión de Dios por encima de las demás voces que compiten en tu cabeza.

¡Coopera con el proceso!

Como la novia que espera con maripositas traviesas en el estómago el día de lucir su atuendo, así mismo espera el cumplimiento de las promesas de Dios en tu vida. Como el agricultor que siembra su semilla con la seguridad de una siega próspera y abundante, ¡FLORECE!
 
Puse en el Señor toda mi esperanza; él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor. Me sacó de la fosa de la muerte, del lodo y del pantano; puso mis pies sobre una roca, y me plantó en terreno firme. – Salmo 40:1-2


Amor y gracia,

Sandy