viernes, octubre 12, 2018

PENSANDO CON MI TAZA DE CAFÉ


Cuando recibo a Jesús en mi debilidad se me hace más fácil participar de su fortaleza.



Todavía con parte del cerebro en pijama y los ojos tratando de adaptarse a la luz del nuevo día, degusté cada traguito de café como si fuera el primero. ¡Qué rico! Y pensar que la felicidad la podemos encontrar en lo simple y cotidiano.

Desde la comodidad del sofá pasé inventario visual de la sala —los adornos que me gustan, el juguete del perro debajo del mueble de la tele, la botellita de agua encima de la mesa que alguien olvidó tirar a la basura, y la famosa orquídea de la ventana con hojas moribundas, a pesar de mi cuidado y dedicación.

¿Qué le pasará a esa chica? Seguramente no le sienta bien el ambiente. Mami me dijo que no le hiciera mucho caso porque a veces se ponen así de ñoñas, pero de todas maneras compré un masetero nuevo para trasplantarla y ponerla adonde le pegue un poco más el sol.

Pero noté que aunque sus hojas están medio feítas, sus raíces no pueden estar más verdes, robustas y saludables.

 Eso me acuerda mucho a los procesos internos de transición que de cuando en cuando nos tocan vivir —nuestras circunstancias patas arriba, pero nuestro corazón seguro en las manos de Jesús—. 

 Es que hay victorias que todos ven y aplauden y otras que se libran internamente a los pies de Jesús.


“Habrá largas temporadas en tu vida cristiana que sentirás como si no estuvieras creciendo. Y esos son los momentos en los que más estás creciendo”. 

– Steven Furtick  

 


Las grandes transformaciones ocurren de adentro hacia afuera. Cuando decidimos ser receptivas al amor y a la gracia de Dios en medio de nuestras emociones despeinadas, eventualidades que aterran y voces ruidosas que luchan por distraernos de nuestra posición e identidad en Dios.

 Los procesos de cambio traen consigo transformación. Descansa tu mente y corazón en Jesús. En sus brazos estás segura. ¡Créelo!

“Espero en silencio delante de Dios, porque de él proviene mi victoria. Solo él es mi roca y mi salvación, mi fortaleza donde jamás seré sacudido”. 
– Salmo 62:1-2 (NTV)

Amor y gracia,

Sandy