viernes, febrero 15, 2019

SIN VERGUENZA


“A medida que abrazas tu identidad como amada por Dios, comenzarás a valorarte a ti misma de la manera que Dios lo hace”. – Bonnie Gray



Entonces, te regalé una sonrisa de esas que solo yo puedo dar, y acariciando tu rostro te dije:

Date permiso de recibir tu identidad en mí. No eres esas opiniones que tanto te restan, tampoco esos sentimientos que contradicen lo que pienso de ti. ¡Eres amada, aprobada y verdaderamente libre!

Ser receptiva a mi amor incondicional hace polvo las ataduras mentales y emocionales que impiden tu progreso.        

Date permiso de soltar las heridas del pasado. ¡Lo que pasó, pasó! Cada instante te ofrezco la oportunidad de un nuevo comienzo. Descansa en mi providencia, reposa tu mente y corazón en mi salvación.

Cada vez que esos pensamientos intenten robarte la paz, mírame a mí, mira a la Cruz, mira mi gracia y recibe con humildad y gozo la misericordia que he derramado sobre tu vida de manera abundante.

Tus sentimientos pueden hacerte creer que aún sigues atada a las cenizas de tu pasado, pero hay una realidad mucho mayor que gobierna tu vida —mi amor, mi gracia, mi presencia y mi soberanía—.

Date permiso de bailar sin vergüenza, al ritmo de cada una de mis promesas. Puedes construir tu vida en mi fidelidad. No te desanimes cuando sientas que algunas de ellas tardan más que otras en cumplirse, simplemente estoy preparando tu vida y tu corazón para que las disfrutes a plenitud y no las confundas con coincidencias humanas.


“Si confías que mis planes son de bien y no de mal, puedes relajarte y disfrutar el momento presente”.  

 – Jesús Te Llama



Me agrada darte lo mejor de mí; me regocijo en gran manera cuando recibes mis bendiciones con un corazón sencillo y agradecido —como niña que no conoce de tristezas ni de fracasos. 

¡Mi gracia es mayor que todas tus heridas, que todas tus imperfecciones, que todas tus malas decisiones!

Date permiso de recibirla sin cuestionamientos y sin vergüenza. Y si tus sentimientos te hacen sentir indigna de este derroche de cariño, recuérdales que precisamente de eso se trata la gracia—de recibir gratuitamente lo que sabemos que no merecemos.

Amiga, así de especial eres para Dios. Déjalo quererte, abrazarte, sanarte y restituirte.

“Por lo tanto, es Dios quien decide tener misericordia. No depende de nuestro deseo ni de nuestro esfuerzo”. – Romanos 9:16

Amor y Gracia,

Sandy