viernes, mayo 17, 2019

TRANQUILA Y TROPICAL


Y aunque no todo era color rosa sonreía llena de esperanza, consciente de que las mismas manos que crearon el universo eran las misma que sostenían el pincel y las acuarelas de su historia.




Porque para poder abrazar la plenitud que tanto anhelamos necesitamos soltar todo aquello que drena, resta y limita.

Su vida estaba lejos de ser perfecta, y aunque en sus años mozos soñaba con la idea de que todas las piezas de su rompecabezas ocuparan su lugar correspondiente, las piedras, los tropiezos y los desvíos rompieron su bola de cristal, y ahí comenzó la aventura.

En su momento era más una tortura china que cualquier otra cosa, pero gracias a las manos que la sostuvieron y que la sostendrán siempre, puede mirar atrás desde una perspectiva menos crítica y más compasiva hacia ella misma.

 Finalmente, logró entender que la verdadera transformación ocurre cuando te desprendes de lo que quisiste que fuera y no fue, para tomar posesión de lo que nunca esperaste y fue muchísimo mejor.


“En una aplastante ansiedad, ella encontró una gracia aplastante”. – Morgan Harper Nichols

 


Amiga, y es precisamente cuando rendimos a los pies de Jesús nuestras heridas, nuestras carencias y nuestros lugares rotos que encontramos lo que Él siempre ha querido darnos en abundancia —su amor, su favor, su comprensión, su presencia, su aprobación, su fortaleza y la plenitud que solo Él puede proveer. 

A medida que saltamos sin culpa ni vergüenza en el  río de su gracia somos liberadas de toda carga innecesaria, y nos aferramos a las cosas que verdaderamente llenan, nutren y nos hacen florecer.

Porque, aunque no todo sea color rosa en nuestras vidas  podemos sonreír, conscientes de que las mismas manos que crearon el universo son las mismas que sostienen el pincel y las acuarelas de nuestra historia.

“Que todo lo que soy alabe al Señor; que nunca olvide todas las cosas buenas que hace por mí”. – Salmo 103:3 (NTV)

Amor y gracia,

Sandy