viernes, junio 19, 2020

CON LOS OJOS DEL ALMA





La verdadera plenitud no es una vida carente de luchas y lágrimas, sino la valentía de un corazón humilde que se atreve a rendir sus desiertos a Jesús, y es acogido bajo el brazo protector de su gracia.


Cuando te sientes estancada en la vida.

Cuando sientes que nadie aprecia lo que haces.

Cuando eres todo para los que te rodean, pero no parece ser recíproco.

Corre a sus brazos, cuéntale tus dilemas. Llora si es necesario y no te disculpes por ello.


Cuando las preocupaciones de mañana te roban la alegría de hoy.

Cuando tus sueños parecen haber perdido la brújula y comienzas a dudar de su validez.

Cuando tus pensamientos parecen mercado y tus emociones se niegan a cooperar.

Quédate quieta. Suelta todo a sus pies; descansa tu mente y corazón en la seguridad de su abrazo.

 

Escucha los latidos de su corazón; no hacen falta palabras. El poder sanador de su amor espanta tus miedos, restaura los callejones dolorosos de tu alma.

 

Si la desesperanza te arropa y sientes deseos de llorar.

Si las dudas llueven sobre tu cabeza y parece que Dios te ha olvidado.

Si la confianza te dejó solita y la imposibilidad sale a tu encuentro.

 

Cierra tus ojos físicos, abre los de tu interior. Si prestas atención, entenderás que no estás sola. Nunca lo has estado. Jesús está contigo.

¿Lo ves? Te regala su mejor sonrisa, seca con sus manos las lágrimas que cubren tus mejillas. Te mira fijamente, y de dice: “No temas. Yo estoy aquí contigo. Yo te ayudo”.

No es solo saber que Jesús nos ama, pero, sobre todo, ser receptivas a la grandeza de su amor y crecer a través de esta maravillosa verdad.

Amiga, cuando somos conscientes del amor de Dios hacia nosotras, principalmente cuando sabemos que no lo merecemos, experimentamos cualidades de su carácter de manera íntima, personal, cercana.

Su amor calma nuestros temores.

Su amor eleva nuestra perspectiva.

Su amor sana los lugares rotos de nuestro corazón.

Su amor opera milagros.

Su amor nos da plenitud en medio de la imposibilidad humana.


Recibe su amor con humildad y gratitud, justo en medio de las circunstancias que rodean tu vida.


“Clamé: «¡Me resbalo!», pero tu amor inagotable, oh Señor, me sostuvo. Cuando mi mente se llenó de dudas, tu consuelo renovó mi esperanza y mi alegría”. – Salmo 94: 18-19 (NTV)


Amor y Gracia,

Sandy