viernes, abril 09, 2021

SIGUE PEDALEANDO

 

 

La guerrera considera la oposición del enemigo como una señal de que va en la dirección correcta. – Lisa Bevere

 


Al final, el amor y la fidelidad de Dios siempre nos hacen salir adelante.

Podemos marinar nuestros pensamientos en esta gran verdad, aunque nuestras circunstancias estén patas arriba y nos sintamos ¡blah!

Jesús entiende. Él no es ajeno a nuestra humanidad, ni nos exige más de lo que podemos hacer.

Caminar en fe no es negar nuestros sentimientos. Es creer que Dios está diciendo la verdad, aunque nuestras emociones insistan en pintar el peor escenario.

¿Sientes que lo que Dios te ha prometido parece ahogarse en el mar de hechos visibles? No te rindas. Pedalea con la seguridad de que Dios siempre cumple sus promesas. Sus planes superan los nuestros; para él no hay nada imposible.

¿Sientes que la ansiedad consume tu esperanza? Amiga, no estás sola en este sentir. Hay circunstancias que nos ponen a comer polvo, sin embargo, la bondad y la gracia de Dios siempre nos llevan a puerto seguro… sigue pedaleando en fe, vas en la dirección correcta.

En medio de este dilema debemos tener presente que Dios nos ha dado la capacidad de elección, es decir que no todo lo que vuela sobre mi cabeza está obligado a aterrizar en ella, y no todo lo que siento debe dictar mis acciones.

Yo sé, no es tarea fácil, pero Jesús ha prometido estar con nosotras y sostenernos en cada parte del proceso. Cada pasito de fe cuenta, aunque sean pasitos imperfectos de fe.

Y precisamente en ese proceso de transición donde hemos decidido creerle a Dios por encima de la montaña rusa que experimentamos en nuestro interior, nos hace bien meditar, confesar y actuar en estas tres verdades:

  • Dios es amor.
  • Dios me ama.
  • Su gracia es suficiente.

Debemos ser receptivas a la provisión constante de su amor y su gracia, por encima de nuestro estado de ánimo, ya que nuestros sentimientos siguen nuestros pasos de fe.

¡A pedalear se ha dicho! Reposadas en Jesús, seguras en sus promesas, conscientes de su favor.

Poco a poco… paso a paso… un día a la vez.

Aquí no importa la velocidad, sino la dirección.

“Con paciencia esperé que el Señor me ayudara, y él se fijó en mí y oyó mi clamor.  Me sacó del foso de desesperación, del lodo y del fango. Puso mis pies sobre suelo firme y a medida que yo caminaba, me estabilizó” 

– Salmo 40: 1-2 (NTV)

Amor y gracia.

Sandy