viernes, mayo 21, 2021

GRATITUD Y UNA TAZA DE CAFÉ


Jesús, gracias por tu compañía, la tranquilidad del momento, y por supuesto, mi tacita de café.

 

 

No soy invisible para ti.

Conoces todo acerca de mí. No hay detalle que escape de su soberanía y amor.

Si, es cierto que amas al mundo, pero me amas a mí. Conoces mi nombre, mis anhelos, mi dirección, mis flores favoritas y lo mucho que me gusta el café.

Conoces mis miedos, mis limitaciones, las cosas que me roban la sonrisa y las que me arrugan el corazón

Entiendes mejor que yo las heridas que han tardado más de la cuenta en cicatrizar, y las dificultades que obstruyen mi caminar, debilitan mi fe y transforman mis pensamientos y emociones en una montaña rusa de peligro extremo.

No soy invisible para ti.

Eres paciente, compresivo y constante.

Tratas mis dilemas con respeto, mis heridas con dignidad, mis miedos con amor. Si, con mucho amor y cuidado. Bordas mis cicatrices con hilo de gracia.

No soy invisible para ti.

Me vistes con tus promesas. Llenas mi corazón de esperanza.

Me calzas con tu verdad. Me haces caminar en la seguridad de tu soberanía.

Me coronas con tu amor. Espantas mis miedos y me invitas a descansar en la paz que solo tu presencia premia.

Gracias, Jesús, por ser paciente conmigo.

“Él me escolta hasta la sala de banquetes; es evidente lo mucho que me ama”.

 —Cantares 2:4(NTV)

Amor y gracia,

Sandy