viernes, septiembre 30, 2022

SANA, CRECE, FLORECE

 

Y, cuando creo no merecerlo, tu amor sale a mi encuentro, abrazándome con gracia, mimándome con palabras de afirmación.

 

 

Hoy necesito pensar en mí.

Tengo paciencia conmigo misma. Abrazo mi presente y las circunstancias que me rodean.

Descanso en el amor de Dios y en su mano soberana que siempre me lleva a puerto seguro.

Acepto la invitación del silencio; escucho detenidamente mis sentimientos.

Lloro si siento hacerlo. No me excuso por mi vulnerabilidad, ni me escondo detrás de la fragilidad de pretender una fortaleza inexistente.

Admito que estoy cansada, que mis heridas a veces duelen, que mi fe se tambalea, que necesito un abrazo de mi creador.

Intercambio el bullicio en mi interior por sus palabras de paz y afirmación.

 

Hoy necesito pensar en mí.

Pongo en pausa las opiniones de los demás — sus expectativas, sus consejos buenos o malos, y hasta sus buenas intenciones —, para así poder escuchar lo que pasa en mi interior.

Me doy permiso de revaluar todo lo que nubla mi estabilidad emocional. A través del regalo de la oración suelto todo lo que está fuera de mi control.

Doy un paso de fe. Miro a Jesús. Me regala su mejor sonrisa.

 

Hoy necesito pensar en mí.

Comparto una taza de café con el regalo del aquí y ahora, presto atención a la riqueza del presente, sin juzgarme por tomar tiempo para descansar. Mis cargas se sienten menos pesadas. La perspectiva divina baila con mi fe, veo más allá de mis limitaciones mentales.

Su amor renueva mis fuerzas. Me siento plena, segura, reposada.

 

Me rindo al amor de Jesús. Puedo sanar.

Recibo su amor. Puedo crecer.

Camino en su amor. Puedo florecer.

 

“En la tranquilidad y en la confianza está su fortaleza”. – Isaías 30:15 (NTV)

Amor y gracia,

Sandy